Una comunidad que acompaña
Erick también es representante de su comunidad. Antes de tomar decisiones, consulta a las familias.
Confiesa que temía una reacción negativa ante un encargo vinculado con la Iglesia. Pensaba que algunos podrían recordar el daño histórico sufrido por los pueblos originarios.
La respuesta fue distinta. “Me dijeron: ‘Mijo, métele, seguí adelante. A usted lo llamó el gobernador porque le reconocen su habilidad’”, relató.
Para su comunidad, el poncho representa algo más que un obsequio protocolar. Es la prueba de que, después de 500 años, siguen presentes.
“Representa que, aunque hayan pasado estos 500 años, nosotros seguimos con la misma fuerza, con la misma sabiduría”, transmitió Erick.
Despedirse de una creación
El poncho ya pasó a manos del área de Protocolo de la gobernación de la provincia de Córdoba. Erick no lo entregará personalmente.
Admitió que sentirse separado de la pieza le genera “una media cosita”. Para él, cada tela es como un hijo. “Han pasado tanto tiempo con uno que se termina encariñando”, reflexionó. Pero también entiende que cada obra tiene un destino.
“Uno tiene que entender que cada una tiene su rumbo y que fue tejida para cumplir una misión. Ahí hay que dejarlas continuar”, afirmó.
Lo que quedará
Cuando la visita termine y las cámaras se apaguen, Erick no espera un cambio inmediato. Dice que su comunidad ya logró lo principal: que su trabajo se visibilizara. “Tal vez el día de mañana las demandas de mi comunidad se hagan visibles”, agregó.
Su mirada final es serena. No habla de triunfo ni de reconocimiento personal, sino de gratitud.
“Hay que vivir agradecido día a día y entender que uno es una parte más de todo lo bonito”, concluyó.