Intimidad sin edad: cómo adaptar el placer a los cambios del cuerpo

Especialistas proponen posiciones que priorizan el confort y el diálogo para una vida sexual plena.

La sexualidad en la madurez avanzada suele estar rodeada de prejuicios, pero la realidad clínica indica que el deseo no tiene fecha de vencimiento. Lejos de ser una etapa de retiro, la adultez ofrece la oportunidad de explorar una intimidad más pausada y consciente. Según la sexóloga Mariana Kersz, mantener la actividad sexual no solo fortalece el vínculo afectivo, sino que tiene beneficios directos en el sistema inmunológico y cardiovascular, además de liberar hormonas asociadas al bienestar emocional. El desafío, en esta instancia, es adaptar las prácticas para evitar el esfuerzo físico excesivo y las lesiones articulares.

El punto de partida para una sexualidad saludable en la tercera edad es el consentimiento y el diálogo. La especialista sugiere romper con el “coitocentrismo” —la idea de que el sexo es únicamente penetración— para explorar caricias, juegos y masajes que no generen frustración ante cambios fisiológicos como la sequedad vaginal o la disfunción eréctil. Sin embargo, para quienes desean mantener el coito, existen adaptaciones ergonómicas que permiten el disfrute sin comprometer la movilidad:

  • La “Cucharita”: Al realizarse de costado, minimiza el esfuerzo y maximiza el contacto piel a piel.

  • Ella arriba (con apoyo): Utilizar una silla o el respaldo de la cama permite a la pareja mantener la estabilidad, reduciendo la carga en rodillas y espalda.

  • Misionero adaptado: El uso de almohadas bajo los antebrazos permite que el peso del cuerpo no recaiga sobre las muñecas o la columna.

  • Borde de la cama: Una postura que facilita la penetración sin exigir agilidad ni grandes desplazamientos.

La seguridad también juega un papel clave en esta etapa. Kersz advierte evitar escenarios riesgosos como la bañera por el peligro de caídas, y destaca la importancia del ácido hialurónico en geles lubricantes para prevenir el dolor. Asimismo, recuerda que la madurez no exime del uso de preservativo para prevenir infecciones de transmisión sexual. En definitiva, se trata de una sexualidad de posibilidades, donde el placer se redefine a través de la comunicación y el respeto por los límites del propio cuerpo.

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