El debut de Gran Hermano Generación Dorada, la temporada especial por los 25 años del reality en Argentina, no estuvo exento de controversias. A pesar del éxito en el rating, que alcanzó picos de 18 puntos bajo la conducción de Santiago del Moro, la atención se centró en la incorporación de Luana Fernández. La joven, conocida en el mundo digital como “Lula WiFi”, arrastra un historial vinculado a la organización coercitiva liderada por Yao Cabrera y Nathan Castro, ambos condenados recientemente por delitos graves.
Fernández formó parte del núcleo duro de la denominada “Mansión Wi Fi”, un espacio que la justicia investigó bajo la carátula de trata de personas y reducción a la servidumbre. La causa, que se originó tras las denuncias del manager Jorge Zonzini, reveló un esquema de explotación laboral y sexual que afectaba a seguidores infanto-juveniles. Tras la condena a cuatro años de prisión para Cabrera, el Tribunal Federal de San Martín ordenó abrir expedientes paralelos por lavado de activos y venta de estupefacientes en los que Fernández y otros veinte influencers del equipo están bajo la lupa judicial.
El perfil de “una topadora” dentro de la casa
Más allá de su pasado procesal, Luana Fernández no es una desconocida para la audiencia televisiva. La participante tuvo un paso previo por el programa Combate y ha desarrollado una carrera como modelo y empresaria. Al ingresar a la casa de Gran Hermano, la influencer buscó marcar territorio de inmediato con un perfil confrontativo. “Soy una topadora”, sentenció durante su presentación, advirtiendo que su personalidad abierta y su enfoque en la libertad sexual serán los ejes de su juego en la convivencia.