Preocuparse de más agota la mente y el cuerpo, advierten expertos

Expertos en psicología advirtieron que preocuparse de más genera fatiga e irritabilidad. Daniel Bogiaizian distinguió niveles excesivos y propuso clasificarlos para recuperar calma mental.

El ruido mental crónico agota la salud física. Foto: Web.

La preocupación constituye un proceso estratégico natural del ser humano para enfrentar amenazas o buscar resultados. Sin embargo, cuando este mecanismo se vuelve crónico, se transforma en un consumo estéril de recursos que afecta la vida cotidiana.

Daniel Bogiaizian, doctor en Psicología y presidente honorario de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad (AATA), señaló que la actividad mental incesante requiere tensión física constante, lo que deriva en un motor en marcha que no avanza.

Según el especialista, quien trabajó con pacientes ansiosos durante 30 años, el fenómeno de la preocupación excesiva se exacerbó tras la pandemia. Este contexto instaló la salud mental en la agenda global de manera permanente, sin distinguir edades. El problema radica en la “interferencia“: la incapacidad de desconectarse de un contenido mental incluso en momentos de esparcimiento o descanso.

Dimensiones del exceso

Para identificar si la preocupación supera los límites saludables, los expertos sugieren evaluar dos dimensiones: la intensidad del estrés generado y la latencia del pensamiento.

La doctora Alejandra Gómez, psiquiatra de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), explicó que sobrepensar sitúa a la persona en un plano imaginario y repetitivo. Esta dinámica produce una desconexión del presente y rigidez mental, lo que empobrece la capacidad creativa.

Desde la perspectiva del psicoanálisis, la duda constante funciona como una defensa. Gómez sostuvo que el individuo utiliza el pensamiento para alejarse de lo que siente, poniendo en pausa sus emociones.

En este sentido, el acto de pensar demasiado no es una muestra de racionalidad superior, sino un intento de control para evitar que ocurra algo temido, postergando la acción indefinidamente.

Estrategias de abordaje

El tratamiento de este “ruido mental” requiere, en primer lugar, discernir la naturaleza de la preocupación. Bogiaizian propone clasificar los pensamientos en tres categorías: probables y lógicos, improbables y lógicos, o improbables e ilógicos. Si el problema es probable, la respuesta debe ser una solución concreta; si es improbable, el objetivo es la desconsideración y la refocalización de la atención.

Por otro lado, el médico Mario Alonso Puig destacó que aquietar la mente no implica luchar contra ella. Según el experto, intentar forzar el silencio interior suele multiplicar los pensamientos. La recomendación académica se centra en observar los procesos mentales sin identificarse con ellos, utilizando la respiración y la presencia en el cuerpo como anclas.

El desafío de la salud mental contemporánea

El desafío parece residir en la gestión de la incertidumbre. Si la mente se utiliza como una herramienta de anticipación catastrófica, el costo físico y emocional resulta inevitable. ¿Es posible encontrar un equilibrio entre la planificación necesaria y la aceptación de aquello que no se puede controlar?

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