A pesar de que Leclercq no se encuentra imputada formalmente, su testimonio ante la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (Aaarba) la ubicó en el centro de la escena. La profesional reconoció haber participado en episodios de consumo recreativo tanto con Zalazar como con Delfina Lanusse, otra de las implicadas en la sustracción de medicamentos.
La conexión con el Hospital Italiano
La pesquisa por el robo de propofol ya cuenta con procesados confirmados. Hernán Boveri, anestesiólogo de planta, y la mencionada Lanusse, fueron apartados de sus cargos tras comprobarse un circuito que trasladaba fármacos de exclusividad hospitalaria hacia domicilios particulares.
Mientras que Boveri y Lanusse fueron expulsados de sus instituciones, la situación de “Tati” Leclercq es diferente. Actualmente, es la única profesional vinculada que permanece dentro de la asociación gremial, a la espera de que finalice un sumario interno que determine su responsabilidad administrativa y ética.
El peritaje de los dispositivos
El foco de los investigadores está puesto ahora en el contenido del iPad y el celular incautados. Se busca reconstruir las comunicaciones previas al 20 de febrero para determinar si existió una coordinación para el suministro de las drogas que terminaron con la vida de Zalazar.
La justicia intenta determinar si el consumo recreativo de estos anestésicos, que no se venden en farmacias y requieren monitoreo profesional, era una práctica sistemática entre los médicos involucrados. Las pericias toxicológicas finales sobre el cuerpo del anestesista serán el último eslabón para cerrar la cronología de una muerte que desnudó un mercado negro de fármacos críticos.