Regalías y control estatal
A pesar de la apertura, la ley mantiene el principio de que la República conserva la propiedad de los yacimientos. El Estado estableció un tope de regalías del 13% sobre la producción bruta del mineral, calculado según su valor comercial.
Asimismo, el Banco Central de Venezuela (BCV) conservará un derecho preferente para la compra del oro obtenido en territorio nacional, con un lapso de 45 días para ejecutar dicha adquisición.
Paralelamente, la normativa crea cuatro nuevas entidades de supervisión. Entre ellas destaca una unidad especializada de la Guardia Nacional, cuya misión será vigilar las zonas de extracción y combatir la presencia de grupos armados irregulares. El Ejecutivo tendrá un plazo de 30 días para presentar la lista definitiva de los minerales estratégicos y reservados.
Desafíos ambientales y de derechos humanos
El proyecto ha generado críticas inmediatas por parte de organizaciones civiles. Un grupo de 15 ONG advirtió que la minería de oro es intrínsecamente destructiva y que la ley podría agravar la deforestación en la Amazonía.
Aunque la norma contempla multas por daños ambientales, activistas consideran que estas medidas son insuficientes ante la magnitud del impacto ecológico.
Informes previos de Naciones Unidas documentaron violaciones de derechos humanos en el Arco Minero del Orinoco, zona donde la ley pretende formalizar la actividad.
La transición hacia este nuevo esquema regulatorio otorga un año para que las empresas actuales adecúen sus operaciones, mientras que la Asamblea Nacional dispone de 180 días para aprobar el reglamento detallado. ¿Podrá este nuevo marco legal pacificar y regularizar un territorio históricamente dominado por la opacidad y la violencia?