El secreto de 1912: la galleta de piso que define la identidad de Saladillo

Con más de un siglo de historia, esta tradición panadera nacida en el horno de barro de la familia Onís se convirtió en el motor de una fiesta popular.

Mucho más que un alimento, la galleta de piso es el símbolo de un proceso artesanal que la modernidad no ha logrado extinguir. Nacida en 1912 en la panadería La Estrella, esta pieza de panadería se distingue por su cocción lenta directamente sobre el ladrillo del horno, técnica que le otorga una base firme y una durabilidad que, históricamente, permitía a la gente del campo abastecerse para toda la semana.

  • Hito mundial: En 1918, la familia Onís envió una lata de galletas a Italia, donde ganaron la Medalla de Oro en la Muestra de la Industria de Milán.

  • Identidad local: Tras el cierre de la panadería original en los años 90, el municipio recuperó el diploma histórico para fundar la Fiesta de la Galleta de Piso.

  • Actualidad: La celebración reúne hoy a más de 100 emprendedores y miles de vecinos en la plaza principal de Saladillo.


Un ritual de horno y memoria

José María Onís, hijo del legendario panadero y hoy ingeniero, recuerda su infancia entre harinas y el calor del horno de barro. “La galleta entraba al final, cuando el horno ya no servía para lo urgente”, explica. Esa cocción con el calor remanente permitía que la masa —grande, redonda y esponjosa— conservara una humedad interna única protegida por una corteza crocante.

El cuadro con la medalla de oro de Milán, que durante décadas colgó de una pared de la panadería, hoy es el punto de partida de la fiesta que se celebra este 11 y 12 de abril de 2026. Lo que comenzó como un recuerdo familiar privado ha sido “puesto en valor” por la comunidad, transformándose en un puente entre el pasado inmigrante y el futuro del pueblo.

La Fiesta: gastronomía y tradición

Durante el evento, la plaza principal de Saladillo se convierte en una panadería a cielo abierto. Los asistentes pueden degustar la galleta de piso en platos tradicionales que incluyen bondiola, lechón o pollo, acompañados por música y clases de cocina en vivo. Aunque algunas panaderías locales han incorporado hornos eléctricos, el estándar de calidad sigue siendo aquel que respeta el contacto directo de la masa con el piso de ladrillo.

La fiesta no solo celebra un producto, sino una forma de vida. Con poco más de 34.000 habitantes, Saladillo reafirma su identidad agropecuaria e industrial a través de este evento, que ha logrado que la galleta regrese al mostrador cotidiano de todas las panaderías de la zona como un hábito irrenunciable.


Un legado que cruza fronteras

Aunque los descendientes de la familia Onís siguieron carreras universitarias y se alejaron del oficio panadero, el “gen” de la masa persiste. En Roma, un sobrino de José María abrió recientemente una pizzería, manteniendo vivo el arte de amasar que sus antepasados iniciaron en la provincia de Buenos Aires hace 114 años.

Para Onís, el mensaje a las nuevas generaciones es claro: el valor del tiempo y el esfuerzo. “Es importante que los jóvenes conozcan estas historias; saber que hay cosas que, como el pan, llevan tiempo amasar”, reflexiona, mientras el pueblo de Saladillo vuelve a encender los hornos para honrar su herencia más crocante.

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