Nutrición en invierno: guía de alimentación saludable para los “silvers”

La llegada de las bajas temperaturas altera las rutinas de la generación silver, disminuyendo el movimiento e incrementando el apetito. Especialistas explican cómo adaptar la dieta invernal sin descuidar los nutrientes esenciales ni el peso corporal.

El mantenimiento de la vitalidad y el movimiento durante las estaciones frías se consolida como uno de los grandes desafíos de salud para los adultos mayores. El descenso térmico y la reducción de la actividad física al aire libre suelen empujar a modificaciones drásticas en la dieta, pero los expertos advierten que las demandas del cuerpo no justifican comer sin medida.

Los pilares del bienestar invernal para adultos mayores:

  • Regulación térmica: El organismo gasta energía para mantener sus 36°C, pero este proceso no habilita un consumo calórico indeterminado.

  • Estrategia visual: La medida justa para los platos es un plato playo al ras o, en su defecto, utilizar un plato de postre para controlar el volumen.

  • Alerta por sodio: La OMS sugiere no superar los 2 gramos de sodio diarios (5 gramos de sal) para prevenir cuadros de hipertensión.

La clave para atravesar esta época del año no reside en la restricción severa de platos tradicionales, sino en corregir el tamaño de las porciones, mejorar los métodos de cocción y sostener una hidratación rigurosa a pesar de la ausencia de sed.

El mito del frío y la trampa del sedentarismo

Con la llegada del invierno, se produce un incremento natural del metabolismo para regular la temperatura corporal constante. Sin embargo, la licenciada Daniela Pascualini, directora de Nutrición de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), aclara que el cuerpo no gasta una cantidad desmesurada de energía por este proceso, por lo que salir a la intemperie un día frío no valida el descontrol calórico.

El verdadero riesgo de la temporada radica en pasar más tiempo en espacios cerrados, adoptar conductas sedentarias y aumentar el consumo de alimentos ultraprocesados ricos en grasas, azúcares refinados y sodio. Este patrón alimenticio inadecuado suele derivar de forma directa en un aumento involuntario de peso, fatiga crónica y un preocupante déficit de micronutrientes esenciales.

Para mitigar la ansiedad previa al plato principal, la especialista aconseja incorporar una sopa casera como entrada. Agregarle una cucharadita de avena o algún cereal integral ayuda a retrasar el vaciado gástrico y aporta mayor saciedad. Sin embargo, Pascualini enciende las alarmas sobre los caldos industriales, ya que sus elevados niveles de conservantes y sodio representan un peligro crítico para los adultos mayores que controlan su presión arterial.

Defensas, micronutrientes y técnicas de cocción

Para fortalecer el sistema inmunológico de la generación silver frente a las enfermedades estacionales, resulta indispensable el consumo diario de alimentos ricos en vitamina C (cítricos, kiwi, frutilla, tomate, brócoli y morrón) y zinc (legumbres, frutos secos, carnes magras, huevos y lácteos).

Existe el mito generalizado de que las frutas y verduras solo se pueden consumir en preparaciones frías, lo que desploma su ingesta en invierno. Para mantener el valor nutricional sin pasar frío, se pueden transformar en opciones reconfortantes y calientes como:

  • Sopas y caldos caseros.

  • Vegetales al horno o salteados.

  • Tartas, budines y compotas frutales.

Asimismo, la técnica de cocina empleada es fundamental para preservar las propiedades de los alimentos. Dado que la cocción excesiva destruye los micronutrientes, la nutricionista recomienda una regla básica para las verduras de hoja: incorporarlas al recipiente únicamente cuando el agua ya esté hirviendo, dejarlas durante un tiempo muy breve y retirarlas de inmediato.

Cómo rediseñar los clásicos de olla

La moderación y la selección inteligente de ingredientes permiten que los platos más calóricos de la temporada sigan presentes en la mesa familiar. El tradicional guiso de lentejas constituye un excelente aliado invernal por ser altamente nutritivo y rendidor, siempre y cuando se sigan pautas específicas de preparación saludable.

Para evitar un aporte calórico desproporcionado, se debe elaborar retirando toda la grasa visible de las carnes, reduciendo al mínimo el uso de aceite y sumando una generosa base de hortalizas como tomate fresco, calabaza, zanahoria, papa y arvejas. De lo contrario, un guiso mal confeccionado puede igualar el impacto de un estofado de ravioles con crema.

El bienestar general de los adultos mayores durante los meses de frío se sostiene, en última instancia, sobre hábitos cotidianos sencillos pero consistentes: respetar a rajatabla los horarios de las comidas, no abandonar la caminata diaria, buscar activamente la luz solar para fijar la vitamina D, asegurar un descanso reparador y priorizar los alimentos frescos elaborados en el hogar.

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