En un documento unificado, casi un centenar de jefes de áreas operativas y la totalidad de los gremios del sector lanzaron una advertencia desesperada: el organismo se encamina a una parálisis técnica debido a una “sangría” de especialistas y un vacío de gestión que no reconoce precedentes cercanos.
La misiva, dirigida al secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, expone la fragilidad de un sistema que, hasta hace poco, era orgullo de exportación nacional. El reclamo no solo es salarial, sino que apunta a la destrucción del tejido institucional que sostiene proyectos estratégicos como el reactor CAREM-25 y el RA-10.
El factor humano: una sangría irreparable
El dato más sombrío que arroja el informe es la pérdida de 300 agentes en los últimos dos años. Lejos de ser un número estadístico, representa la fuga de capital intelectual que al Estado le tomó “lustros de formación” consolidar. Los técnicos advierten que se está produciendo un “hueco generacional” similar al de los años 90, donde grupos de trabajo enteros han desaparecido, rompiendo la cadena de transmisión de conocimientos críticos.
El “deterioro salarial insostenible” ha empujado a científicos y técnicos altamente calificados hacia el sector privado o al exterior, donde sus conocimientos en física de neutrones, seguridad nuclear y materiales avanzados son valorados con remuneraciones que el actual esquema presupuestario no alcanza a cubrir ni remotamente.
Desmantelamiento y falta de diálogo
Más allá de la cuestión económica, el documento subraya un quiebre en la cultura institucional de la CNEA. Los firmantes denuncian:
Silencio oficial: Las autoridades actuales no se han presentado en los Centros Atómicos ni han expuesto un plan de trabajo tras tres meses de gestión.
Precariedad contractual: Cientos de agentes mantienen contratos trimestrales para tareas que, por su naturaleza nuclear, requieren planificación de largo aliento.
Riesgo patrimonial: Equipos de alta complejidad, que costaron millones de dólares al país, están quedando fuera de servicio por falta de mantenimiento preventivo y correctivo.
Un frente unido por la soberanía
Lo que otorga un peso inusual a esta denuncia es la cohesión lograda. El texto lleva la firma de 94 jefes de sectores neurálgicos, como el gerente de Gestión Ambiental, Daniel Cicerone, y el responsable de Tecnología Láser, Juan Fiol. A ellos se sumó el apoyo unificado de las cuatro entidades gremiales: APCNEAN, ATCNEA, ATE y UPCN, un arco que rara vez coincide con tal nivel de contundencia.
La comunidad científica exige una recomposición salarial inmediata y la reapertura de canales de diálogo para evitar que la infraestructura atómica argentina se convierta en un cementerio de tecnología obsoleta. Como sentencia el documento, la soberanía tecnológica no puede construirse sobre condiciones de “precariedad y permanente reducción”. Sin una respuesta urgente, el Plan Nuclear Argentino corre el riesgo de quedar reducido a una nota al pie en la historia del desarrollo nacional.