El caso que sacude al Hospital Italiano y al sector de la anestesiología argentina tuvo su origen fuera de los quirófanos. “Mechi” S., conocida como “Pichu” en su entorno, fue la persona que dio el primer aviso institucional tras meses de intentar, sin éxito, contener de forma privada el consumo problemático de su amiga y compañera, Delfina “Fini” Lanusse. Su testimonio judicial permitió desentramar una red de consumo de drogas intrahospitalarias y una compleja relación de asimetría jerárquica.
El origen: Una charla en un auto en febrero de 2025 donde Lanusse confesó haber consumido propofol con el anestesiólogo Hernán Boveri.
El vínculo: Mechi y Fini compartían guardias, viajes y traslados diarios desde la zona norte del conurbano hacia el hospital.
El detonante: El 9 de febrero de 2026, tras encontrar a su amiga desorientada y con signos de consumo de ketamina, decidió acudir a sus superiores.
Situación judicial: Mechi declara como testigo clave; Lanusse está procesada como partícipe secundaria por administración fraudulenta.
De la lealtad amistosa a la alerta institucional
Durante casi un año, Mechi S. guardó el secreto bajo la premisa de no “traicionar” a su amiga. Sin embargo, en su declaración ante la Justicia, describió cómo el deterioro físico y emocional de Lanusse se volvió imposible de ignorar. El vínculo de Fini con Hernán Boveri pasó de lo afectivo a una dinámica absorbente que, según la testigo, estaba marcada por la asimetría de poder dentro del servicio de anestesiología.
La situación alcanzó su punto de quiebre en febrero pasado. Tras un reencuentro luego de las vacaciones, Mechi recibió una llamada de otra amiga, Chantal Leclercq, quien le relató una escena alarmante: meses atrás había encontrado a Lanusse en su departamento en condiciones críticas. Al confrontarla personalmente ese mismo día, Mechi vio a Lanusse bajar de su edificio con un tapado en pleno verano, desorientada y con una herida en la frente. En ese encuentro, Lanusse pronunció una frase premonitoria: “Hernán está loco”.
El “viernes 13” y el desenlace trágico
El 13 de febrero de 2026, tras enterarse de que Lanusse habría sido inducida a consumir ketamina contra su voluntad, Mechi S. entendió que la vida de su compañera corría peligro inminente. Junto a otras dos residentes, escaló el aviso a los jefes del servicio, Juan de Domini y Gonzalo Domenech. Este paso activó las auditorías internas y el contacto con la Asociación de Anestesia (Aaarba).
Apenas una semana después del aviso institucional, el caso tomó una dimensión nacional con el hallazgo del cuerpo sin vida del anestesiólogo Alejandro Zalazar en Palermo. Aquel primer testimonio de Mechi no solo permitió activar los protocolos de salud mental para Lanusse, sino que se convirtió en la piedra angular de la investigación judicial que hoy investiga el robo y administración fraudulenta de anestésicos de uso restringido dentro de uno de los centros médicos más importantes del país.