Solo el 33% de los argentinos está satisfecho con su vida sexual, según la UBA

Un relevamiento del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) revela un marcado desinterés y una creciente desconexión en los vínculos. El estrés crónico, el hiperestímulo de las pantallas y la falta de comunicación erótica asoman como las principales causas de un fenómeno que afecta tanto a parejas como a solteros.

La intimidad de los argentinos atraviesa un período de enfriamiento. Según el último Relevamiento del Estado Psicológico de la Población Argentina realizado por la UBA en 2025, la satisfacción sexual es un terreno ganado por la minoría. Los datos muestran que la actividad sexual no solo ha disminuido, sino que la insatisfacción viene en aumento, acompañada por un desinterés generalizado que los expertos ya califican como una “crisis vincular”.

  • Muy satisfechos: Solo el 15,8% de los encuestados.

  • Insatisfacción total: El 25,8% se percibe entre “algo” y “muy” insatisfecho.

  • Zona gris: Un contundente 40,95% afirma no estar “ni satisfecho ni insatisfecho”.

  • Muestra: 2200 personas de entre 18 y 65 años en todo el país.

Los enemigos del deseo: pantallas, cansancio y pornografía

Para el psicólogo Cristian Garay, autor del informe, el rol de las tecnologías digitales es determinante. En los jóvenes, el acceso ilimitado a la pornografía genera expectativas poco realistas que chocan con la experiencia presencial. En los adultos, el hiperestímulo de las redes sociales ofrece una “vía rápida” de gratificación que compite directamente con el esfuerzo emocional que requiere un encuentro con el otro.

La sexóloga Mariana Kersz destaca que la consulta más frecuente hoy no es por disfunciones físicas, sino por falta de deseo. “No siempre se trata de tener menos sexo, sino de necesitarlo cada vez menos debido a la ansiedad y la rutina extenuante”, explica. La conexión real se diluye entre notificaciones de celular y una carga mental que no permite “bajar a tierra” al momento de entrar al dormitorio.

La desconexión emocional como síntoma

Desde el Hospital de Clínicas, la doctora Silvina Valente observa que el síntoma sexual suele ser la puerta de entrada a problemas vinculares más profundos. El estrés crónico, la desigualdad en las tareas domésticas y la falta de reconocimiento emocional actúan como inhibidores. “Para tener ganas de jugar, primero hay que sentirse bien”, sentencia la especialista.

  • Sobrecarga mental: El 90% de los pacientes manifiesta estar pensando en tareas pendientes incluso durante la intimidad.

  • Falta de diálogo: Muchas parejas interpretan la baja frecuencia como un rechazo personal, cuando suele ser una respuesta reactiva al agotamiento.

  • Sexting vs. Presencialidad: Las nuevas generaciones optan cada vez más por encuentros virtuales o la masturbación, evitando los tiempos de la seducción real.

Hacia una nueva comunicación erótica

Los expertos coinciden en que no existe una “frecuencia normal”, pero sí un denominador común: la necesidad de poner el sexo en la agenda. Ante un deseo que ya no surge de forma espontánea por el contexto actual, la recomendación es reconstruir la conexión a través de la comunicación sin críticas.

Finalmente, el estudio resalta un cambio cultural: el aumento de los “permisos” para decir no. Aunque persiste el miedo al enojo de la pareja o la culpa por “no cumplir”, la sinceridad sobre la falta de ganas comienza a ganar terreno como una herramienta para construir vínculos más sanos y menos performáticos. La clave, según los especialistas, radica en reconfigurar el encuentro fuera de la lógica del orgasmo como trofeo y priorizar la presencia genuina.

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