Las Fuerzas de Autodefensa de Japón (JSDF) marcaron un hito en su política exterior al participar activamente en el ejercicio militar “Balikatan” en el norte de Filipinas. Durante las maniobras realizadas el pasado miércoles frente al Mar de China Meridional, tropas japonesas lanzaron dos salvas de misiles antibuque Tipo 88. Los proyectiles impactaron en el buque BRP Quezon, una unidad de la Armada filipina ya dada de baja, a tan solo seis minutos del lanzamiento.
Este ejercicio de fuego real, ejecutado a 75 kilómetros de la costa de Paoay, representa la primera intervención a gran escala de Japón en estas maniobras anuales junto a Estados Unidos.
Anteriormente, el rol de Tokio se limitaba a la observación o tareas humanitarias. No obstante, la entrada en vigor del Acuerdo de Facilitación de Relaciones (RAA) el año pasado permitió el despliegue de 1,400 efectivos japoneses en territorio filipino.
Paralelamente al despliegue militar, el ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, y su homólogo filipino, Gilberto Teodoro, confirmaron avances en la transferencia de equipo bélico.
Las conversaciones incluyen la entrega de aviones TC-90 y destructores de la clase Abukuma. Estas embarcaciones, aunque cuentan con tres décadas de servicio, están equipadas con tecnología antisubmarina y misiles superficie-buque, herramientas que Manila considera esenciales para patrullar sus más de 7,600 islas.
La modernización de la Armada filipina responde a una brecha militar crítica. Mientras que Manila posee una flota reducida de fragatas modernas, el Libro Blanco de Defensa de Japón de 2025 señala que China dispone de hasta 94 destructores y fragatas de última generación.
La adquisición de equipos usados permitiría a Filipinas una integración operativa más rápida y a menor costo, a pesar de las advertencias sobre los elevados gastos de mantenimiento que conllevan buques con 30 años de antigüedad.
Pekín, por su parte, manifestó su rechazo a estas actividades. Lin Jian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, cuestionó que Japón envíe fuerzas al extranjero bajo el argumento de la cooperación en seguridad. Las tensiones en la zona se han intensificado tras los constantes incidentes entre buques guardacostas chinos y filipinos en áreas disputadas.
El fortalecimiento de esta red de alianzas, que ya suma a países como Canadá y Francia, plantea una reconfiguración del equilibrio de poder en el Indo-Pacífico. Ante el nuevo marco legal japonés que facilita la exportación de armamento, queda por ver si esta transferencia de tecnología militar será suficiente para equilibrar la balanza frente a una potencia naval en expansión o si representará un desafío logístico para el presupuesto filipino.