Siendo uno de los intendentes más jóvenes, ¿sentís que el prejuicio de los demás te obliga a estar revalidando tus credenciales o demostrando la capacidad el doble que el resto por una cuestión de edad?
Primero, lo que repito siempre y me gusta repetirlo porque creo que es una concepción política mía: entender que la edad no te da superpoderes, que es un momento circunstancial de la vida. Pero sí genera un montón de prejuicio en la sociedad.
Yo voy un paso más arriba: creo que hoy la dirigencia política y el sector de los dirigentes políticos es lo que está siendo cuestionado en la sociedad. Después tengo el agregado o el condimento de que soy joven en este contexto donde la política tiene un descreimiento total. Entonces, ese proceso de demostrar que la capacidad no tiene que ver con la edad, sino con una concepción de cómo uno mira el ámbito público, cómo uno mira y planifica la política en forma estratégica… va más allá del rango etario.
Eso lo viví más marcado en lo que fue la campaña. Primero a nivel interno, en poder demostrarle al partido de que era un precandidato potable; fue un proceso muy duro y muy desgastante. Y luego a la sociedad. Yo siempre dije: todos los días tenía una oportunidad de demostrar con hechos de que la edad no era ningún impedimento para poder ser intendente y gestionar. Me apoyé sobre una premisa de que había que profesionalizar la política, por ahí con mi carrera en la Licenciatura en Ciencia Política me dio la posibilidad de tener otros lentes para mirar la función pública y después apoyarme en otro pie fundamental que era el equipo. Armamos un equipo técnico que no venía de la rama política y creo que fue la primera vez en la historia de la localidad que gana el equipo y no solo el candidato.
Eso fue lo que fuimos demostrando: que había otra forma de hacer política y que la edad empezó a quedar en un segundo plano. Yo siempre le digo al equipo: estoy abocado por mi edad 24/7 a este cargo. No tengo hijos, no tengo una familia que me exija otros rangos de responsabilidades; lo veo como una oportunidad. Los prejuicios sí fueron una barrera constante. Fui muy criticado por el antiguo oficialismo de “quién viene a disputar el poder del gobierno local”. Recordemos que en la elección le ganamos al peronismo oficialista en una elección que la daban por ganada. Fue un proceso con un condimento extra porque ganamos con el partido aún dividido. La señal de cambio fue contundente.
En la gestión ya estamos instalados donde la edad no se ve como algo raro porque demostramos todos los días con hechos de que estamos a la altura de las circunstancias en un año complejo. Ya esa cuenta de la edad está saldada; instalamos un tema también: que los jóvenes puedan ocupar y liderar toma de decisiones. Trae esperanza en esta Argentina donde muchos jóvenes se querían ir del país y después tenemos este pequeño faro acá que dice “no, nos quedamos, apostamos en esta Argentina complicada y lideramos espacios”.
Cuando entraron a la Municipalidad con todo el equipo de profesionales y jóvenes, ¿con qué vicio tradicional te encontraste que te chocó y dijiste “esto hay que romperlo ya”?
Los primeros 100 días de gobierno realmente fueron tapar bombas que explotaban todo el tiempo. Ingresamos al municipio sin plata para sueldos y aguinaldos; entramos el primer día con las cuentas del banco al descubierto. Fue complejo a nivel económico y financiero. Después fue ir empezando a romper barreras del acostumbramiento a nivel de empleados, traer otra lógica de trabajo. Teníamos todo el parque automotor en desuso, no teníamos ni un tipo de operatividad para salir a dar servicios. Fue un proceso duro: ejes de modernización, de transparencia, de empezar a cambiar la estructura municipal. Estoy realmente a mitad de camino. Recién a partir de los seis meses pude empezar a implementar nuestro plan de metas; nos lleva un montón de tiempo poder avanzar en el camino que nosotros queremos cuando la diaria del municipio te va tapando.
Hablando de este plan de metas, ¿ya hay algún logro concreto hasta ahora que el vecino ya puede ver y que le ha mejorado el día a día?
Un montón de metas las hemos realizado por la inercia de avanzar. Teníamos más de 360 metas en ese proyecto que de a poquito vamos avanzando. En todas las áreas tenemos varias metas ya avanzadas, otras estructurales que llevan tiempo y las planificamos en un período un poco más prolongado. Al menos es nuestro norte hacia dónde vamos. El trabajar con planificación, con datos, con acciones medibles nos da una previsibilidad a futuro que es lo que estamos necesitando. Esto de entender que lo público debe administrarse con eficiencia y planificación estratégica es lo que nos está pidiendo la gente. No venimos a despilfarrar, venimos a trabajar con método y con sentido común.
¿Cómo invitás a protagonizar el futuro de Tancacha al joven que está en la de él, descreído, que piensa que la política no sirve?
Siempre tengo en mi corazón dos sectores: la juventud y niñez, y el adulto mayor. Son donde más me quiero hacer foco. Comparto mucho con la juventud en los colegios; cada acto institucional ahora los realizamos ahí porque es mi oportunidad de estar con el alumnado y poder hablar con ellos.
El tema del desilusionarse viene arrastrado de tantos años de desidia, de ver que el país no arranca, que su voz no vale. En este contexto creo que es el ejemplo de uno el que puede ir demostrando y torciendo ese rumbo negativo. Cayó muy bien en la juventud cuando mandé la ordenanza de despersonalización: que ninguna obra pública de mi gestión ni un vehículo va a tener mi nombre. Es un pequeño gesto mínimo de que no vino Santiago Reyneri a gobernar, sino que vino un intendente más que quiere hacer las cosas bien.
Cuando los pibes ven que es algo sincero, que se puede, que vamos a cometer errores pero hay una pequeña luz, empieza a motivar. Ojalá sean mucho más jóvenes la próxima elección que quieran liderar y ocupar espacios de decisión. Pero es un trabajo diario de generar motivación y esperanza.
Santiago, gracias.