En su más reciente Informe de Política Monetaria, la entidad conducida por Santiago Bausili proyectó una moderación sustancial en el ritmo de aumento de precios para el corto plazo, fundamentada en la disipación de factores estacionales y de los desajustes temporales que impactaron durante marzo. Bajo esta premisa, la autoridad monetaria manifestó su intención de flexibilizar la oferta de pesos de manera que acompañe la eventual recuperación de la demanda real de divisas. Esta estrategia busca revertir el marcado torniquete monetario observado en el inicio del año, donde indicadores clave como la base monetaria y la circulación de billetes registraron retrocesos superiores al 5%, situando la liquidez en niveles mínimos históricos y condicionando la reactivación de diversos sectores productivos.
El diagnóstico oficial atribuye la baja dinámica del dinero transaccional a un comportamiento de los medios de pago más débil de lo originalmente previsto, con una contracción real promedio del 1,6% mensual durante el primer cuatrimestre. No obstante, el organismo se muestra optimista respecto al escenario venidero, apoyándose en la ausencia de presiones salariales inerciales y en una estabilidad cambiaria que favorecería la caída de la inflación subyacente. El Banco Central confía en que la reducción del peso de rubros como alimentos y educación, sumada a la disciplina fiscal, permitirá absorber posibles shocks externos, como el incremento internacional de los combustibles, sin desviar la trayectoria descendente de los precios internos.
De confirmarse este sendero de desinflación, el BCRA priorizará el abastecimiento de moneda mediante la adquisición de moneda extranjera, cumpliendo así el doble propósito de remonetizar la economía y fortalecer las reservas internacionales. La entidad interpreta la reciente compresión de las tasas de interés y la estabilidad en las operaciones de cambio del sector privado como señales precursoras de esta expansión rezagada. En última instancia, la autoridad monetaria apuesta a que el fin de la incertidumbre global y la maduración de su política restrictiva den paso a un ciclo donde la mayor demanda de pesos facilite una acumulación de divisas más robusta y sostenible.