Argentina en la Luna: Filippetti defendió el sello de la universidad pública tras el hito del Atenea

En una charla exclusiva con Fernando Filippetti, director del proyecto ASTAR y referente de la FIUBA, desglosamos el éxito de la misión que posicionó al país a la par de potencias tecnológicas y la importancia de la universidad pública como motor de soberanía espacial.

Fernando Filippetti, director del proyecto ASTAR y responsable de la Facultad de Ingeniería de la UBA

Desde el histórico Cabo Cañaveral, el aire se siente distinto. Entre el rugido de los motores y la mística del retorno de la humanidad a la Luna tras más de medio siglo, el celeste y blanco ha logrado hacerse un lugar propio. La misión Artemis II de la NASA no es solo un despliegue de potencias; para Argentina, representa la consagración del Atenea, un microsatélite desarrollado en tiempo récord —apenas 15 meses— gracias a una sinergia sin precedentes entre universidades públicas, el Estado y el sector privado.

Al frente de esta proeza se encuentra Fernando Filippetti, director del proyecto ASTAR y docente de la Facultad de Ingeniería de la UBA (FIUBA). Tras superar procesos de selección eliminatorios que dejaron fuera incluso a gigantes como Alemania, Argentina se erigió como el único representante latinoamericano en esta misión crítica. En la siguiente entrevista, Filippetti analiza lo que él define como una “final tecnológica”, el valor del recurso humano formado en las aulas públicas y la urgencia de proteger un sistema científico que, pese a los vaivenes presupuestarios, sigue demostrando que el camino a las estrellas está mucho más cerca de lo que los argentinos solemos creer.

Los ingenieros argentinos junto con el astronauta estadounidense que formó parte de Artemis II

Argentina fue el único país de Latinoamérica en esta misión. Ahora que el Atenea cumplió su ciclo, ¿se siente como haber ganado una final tecnológica? ¿Qué sentiste al ver que el desarrollo argentino operaba a la par de potencias como Alemania o Corea del Sur?

Sí, yo creo que sí, en cierta medida fue un poco lo que pasó. La oferta se abrió a más de 60 agencias espaciales de todo el mundo y ahí estaban todos los países, los países más grandes con más experiencia, todas las agencias europeas. Realmente fue una convocatoria muy, muy grande y de esa solamente cuatro se sumaron al Artemis y de esas cuatro funcionaron dos. Más allá de que no es una competencia, sí hubo etapas eliminatorias donde se fueron quedando afuera en distintas partes. Que hayamos llegado a ser uno de los dos que logró el objetivo, creo que es algo asimilable a una final. Así que por ese lado sí, tiene similitudes.

El Atenea fue el resultado de una colaboración sin precedentes entre universidades públicas, organismos del Estado y el sector privado, desarrollado en solo 15 meses. ¿Cómo se logra eso? ¿Qué crees que tuvo ese equipo —muchos de ellos todavía formándose— como valor agregado que les permitió estar a la altura de las circunstancias y más?

Yo creo que lo principal es este compromiso que tienen todos los actores. Las universidades siempre estuvieron presentes en lo que es ingeniería, desarrollo de punta e investigación. En este caso, el hecho de que sean organismos públicos y argentinos, que sea una oportunidad tan grande para el país, generó mucho compromiso de parte de todos los actores de cara a cumplir la misión. Pese a todos los impedimentos y los problemas que hay por vivir en Argentina y por quizás no tener el financiamiento que tienen otros países. Sumado a la historia que tenemos, que nos dio la capacidad técnica, el recurso humano, que es algo que no se puede formar de la noche a la mañana. La universidad pública ni hablemos del peso que tiene. Creo que fueron todos estos factores los que hicieron que Argentina haya logrado este objetivo en el cual otros países no llegaron. Quizás el caso más paradigmático es el de Alemania; con el desarrollo técnico y el poderío económico que tiene, que la misión alemana haya fallado sin cumplir los objetivos planteados es un dato muy importante. También la experiencia en hacer misiones complejas como esta, donde hay que desarrollar esta nave en una misión común asimilable a una misión comercial.

Como egresado y docente la UBA , y teniendo en consideración que incluso el microsatélite ATENEA contó con componentes diseñados en la Facultad de Ingeniería de la UBA, ¿ qué opinión te merece la situación actual de las universidades públicas argentinas?

Yo creo en lo personal, más allá de la posición institucional, que la ley está para cumplirla. Los consensos son para algo, por algo se votan las cosas en el Congreso y no es una persona la que lo decide. Me parece que hay que representar a los distintos actores. Se votó la ley y no cumplirla es algo que es repudiable. La lucha es pacífica, es democrática y eso se hizo. Se logró que la ley salga y ahora no queda más que cumplirla, si no no nos podemos quejar después de los demás. Siempre es común que en Argentina se pida que haya justicia y que el otro cumpla la ley cuando se le aplica al otro. En este caso hay que ser coherentes y cumplirla. Todos los egresados estamos en deuda con la educación, tenemos esa obligación moral de defenderla para las generaciones que vienen, porque si no vamos a ser la última generación de profesionales de la educación pública y le vamos a quitar ese derecho a las nuevas generaciones, lo cual sería una gran injusticia.

Argentina tiene una tradición espacial importante— pero también años de vaivenes en el financiamiento científico. ¿Cómo llegamos al Artemis desde ese camino tan irregular? ¿Qué se preservó, qué se perdió y qué se tuvo que reconstruir?

Creo que hay algunas cuestiones estructurales de Argentina que no se venían discutiendo porque había un consenso muy grande, y la marcha universitaria lo demostró. Algunas industrias que se han logrado sobreponer, si uno piensa en INVAP por ejemplo o en la CONAE, se han sobrepuesto a los distintos vaivenes políticos y económicos al punto de llevar adelante una política con idas y vueltas. Con la política universitaria y la educación pública pasó lo mismo; era un consenso a nivel nacional casi a nivel de la Constitución que nunca se discutió. En este caso pareciera que eso cambió a nivel gobierno, pero sin duda la gente, el pueblo argentino, acompañó a la universidad y creo que ese consenso no cambió.

Estuviste presente en la marcha universitaria ayer, ¿cómo lo sentiste, cómo lo viviste?

Hubo mucho apoyo. Yo estaba viajando de Córdoba a Venado Tuerto (Santa Fe) y noté que había mucho apoyo de todos los sectores: gente grande, chicos, estudiantes. Está bueno que ese consenso se siga manteniendo. Hay consensos básicos como la democracia que en algún momento también se puso en duda. Me parece que está muy bueno que la educación pública sea algo que no se cuestione de ninguna manera bajo ningún concepto, y la marcha lo demostró, incluso donde estuve yo y no solo en la capital.

Desde tu lugar como observador privilegiado: ¿Dónde crees que está parada hoy la ciencia argentina en el mapa global? ¿Qué es lo que más te preocupa hacia adelante? ¿Y qué es lo que te da esperanza?

En el ambiente científico es bastante amplio. Hablando de lo aeroespacial, lo más preocupante es que perdamos capacidad de recurso humano que tarda muchos años en formarse. En la universidad perdemos docentes, en la CONAE, CNEA, en empresas como INVAP perdemos profesionales que se van a otro país o se van a buscar cosas más rentables para hacer. Ese recurso humano después no se puede recuperar; una vez que se pierde necesitamos muchos años para volver a estar a ese nivel. En cuanto al nivel, estamos a primer nivel, no hay ninguna duda acá y tampoco hay ninguna duda en el mundo después de este tipo de hitos.

Si un estudiante de ingeniería de una universidad pública te escucha hoy, ¿qué le decís?

Le diría que a veces uno se lleva una idea de lo que ve en las redes sociales o la televisión y como ahí hay como una cierta ficción, lo aeroespacial, la NASA y las agencias espaciales está mucho más cerca de lo que parece. Hay una ficción que dice que hay que tener todo impecable y no, la verdad es que cuando uno va a la NASA es igual que Argentina; hay problemas, también hay corrupción, la gente tiene los mismos problemas que acá y eso quizás no se ve. Eso nos desmoraliza como país y a los estudiantes más que nada, que lo ven algo lejano. Yo les diría que no se dejen llevar por eso, está mucho más cerca, se puede, Argentina tiene muchísimas posibilidades que en otros países no tenemos. La educación pública es una de ellas. Estamos incluso mucho más cerca partiendo desde Argentina y eso lo pueden probar muchísimos profesionales como Miguel San Martín o Pablo León, que arrancaron en las distintas provincias argentinas estudiando en la educación pública. El camino está y es una realidad, no es algo alejado de las posibilidades de un argentino.

Fernando, te agradezco el tiempo, gracias por tu humildad y tu idioma tan claro. Seguramente seguimos en contacto para futuros proyectos.

Buenísimo, muchísimas gracias por darle difusión y dar a conocer un poco esta industria y este proyecto que fue tan importante, que es muy conocido a nivel internacional y en Argentina lamentablemente nos quedamos muy cortos en ese aspecto. Estamos en contacto.

Contá con nosotros. Gracias a vos, hasta luego.

Gracias, hasta luego.

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