El precio de indumentaria importada profundizó la tensión con las fábricas locales

La diputada Virginia Gallardo celebró la baja de precios en Once gracias a las importaciones textiles. No obstante, el sector productivo local sufre una fuerte crisis, con caídas en la fabricación y fábricas operando a un tercio de su capacidad.

El abaratamiento de las prendas de vestir en los centros comerciales de alta concurrencia de la Ciudad de Buenos Aires encendió una nueva controversia sobre el impacto de la desregulación aduanera en la matriz productiva nacional. La representante parlamentaria correntina del bloque gubernamental, Virginia Gallardo, ponderó públicamente la alta afluencia de compradores y la proliferación de promociones en el área comercial de Once, atribuyendo esta dinámica a la libre entrada de mercadería promovida por el Poder Ejecutivo. La legisladora argumentó que la diversificación de la oferta y la competencia de costos representan un alivio directo para los ingresos de la ciudadanía, contrastando las ventajas del comercio minorista local frente a las plataformas de envíos internacionales.

Esta visión de reactivación en los mostradores coexiste con un escenario de severa contracción en las plantas de manufactura nacional. Reportes sectoriales de la Federación de Industrias Textiles Argentinas revelan que el volumen de fabricación local experimentó un retroceso superior al treinta por ciento, obligando a las hilanderías y talleres a operar con menos de un tercio de su infraestructura técnica disponible, registros que los empresarios asimilan a las peores etapas recesivas de la historia reciente. El ingreso masivo de artículos terminados desde los mercados asiáticos, que evidenció un alza exponencial, limita las posibilidades de competencia de las firmas locales debido a los menores costos laborales y fiscales que manejan las corporaciones de origen transnacional.

La conducción económica de la Nación ratificó que no se implementarán medidas de protección especial para el entramado textil, sosteniendo que la reducción en los valores de la vestimenta libera recursos que los consumidores volcarán a otros rubros, dinamizando la actividad general. No obstante, referentes industriales y pymes de distritos fabriles advierten que el proceso de reconversión sugerido por el Estado se ejecuta de manera desordenada y sin plazos de adaptación, lo que ya derivó en la pérdida de miles de puestos de trabajo en el complejo de indumentaria y calzado. Mientras los márgenes de ganancia locales se licúan frente al incremento de los cuadros tarifarios energéticos, el sector manufacturero continúa perdiendo peso específico en los indicadores generales de la economía.

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