Las calles cercan La Paz en una rebelión popular que denuncia el giro a la derecha de la gestión oficial. La caída del poder adquisitivo y el fantasma de un ajuste fiscal dinamitaron el pacto social.
Las calles cercan La Paz en una rebelión popular que denuncia el giro a la derecha de la gestión oficial. La caída del poder adquisitivo y el fantasma de un ajuste fiscal dinamitaron el pacto social.

La paciencia social en Bolivia se pulverizó por completo a escasos seis meses de la inauguración del mandato actual. Lo que comenzó como una resistencia focalizada de las comunidades originarias mutó velozmente en un alzamiento civil de escala nacional. Hoy, el epicentro del poder político se encuentra físicamente sitiado: las principales arterias viales que conectan el territorio con la capital permanecen totalmente bloqueadas por una coalición de sindicatos, mineros y sectores agrarios. La demanda colectiva ya no acepta paliativos técnicos ni parches legislativos; la única moneda de cambio que exigen las bases en las calles es la dimisión inmediata del presidente Rodrigo Paz Pereira.
El desencadenante inicial del conflicto fue la polémica Ley 1.720, un intento de reforma agraria que encendió las alarmas de los pequeños productores ante el riesgo inminente de una concentración comercial de las tierras. Aunque la Casa Grande del Pueblo dio marcha atrás de forma abrupta y derogó la normativa en un desesperado intento por enfriar el clima de protesta, la respuesta social fue redoblar la apuesta. Para las organizaciones que sostienen los piquetes, el retroceso oficial llegó tarde y no logra maquillar lo que consideran un quiebre definitivo en las promesas de campaña. El envío de contingentes policiales masivos para despejar las calzadas solo sirvió para profundizar la beligerancia y consolidar los campamentos a la vera de las rutas.
El análisis de esta debacle de gobernabilidad excede la problemática estrictamente rural y se asienta sobre tres ejes estructurales que mellaron la vida cotidiana de las mayorías:
El colapso de la economía doméstica: El proceso inflacionario carcomió de manera drástica el salario de los trabajadores. En términos reales, las familias registran una pérdida del 30% en su capacidad de compra, un desfasaje que empujó a la clase media baja y a los sectores vulnerables a una situación de vulnerabilidad extrema.
El escándalo del combustible adulterado: La crisis del transporte urbano funcionó como un inesperado detonante en las ciudades. La distribución estatal de una nafta de bajísima calidad, cargada con un nocivo exceso de magnesio, arruinó el motor de más de 200.000 vehículos. Esto forzó a miles de cuentapropistas y transportistas a endeudarse para costear reparaciones mecánicas mecánicas que promedian los 2.000 dólares.
La ruptura del pacto electoral: Paz Pereira llegó al poder impulsado por el voto del MAS, las corrientes de izquierda y los sectores populares que buscaban la continuidad de un modelo de protección social. Sin embargo, su decisión de eximir de impuestos a las grandes fortunas y su aproximación a recetas económicas liberales desataron una profunda sensación de desencanto.
El escenario se tornó aún más complejo para el Palacio de Gobierno tras la decisión de aplicar un nuevo gravamen del 5% a los trabajadores gremiales e independientes. Lejos de garantizar la paz, esta medida fiscal sumó instantáneamente a 400.000 manifestantes adicionales a un conflicto que ya parecía incontrolable.
Los analistas advierten que la actual administración se encuentra atrapada en una severa encrucijada financiera, tironeada entre las exigencias presupuestarias de los organismos internacionales de crédito y la feroz resistencia de un pueblo históricamente reacio a los recortes de derechos. En este contexto de aislamiento geográfico e institucional, el margen de maniobra de la gestión oficial se reduce minuto a minuto mientras las rutas bolivianas continúan firmes en su reclamo de un cambio de rumbo definitivo.
Las declaraciones de la jefa de bloque oficialista en el Senado se produjeron durante una exposición en la Universidad de San Andrés.
El presidente de Estados Unidos cuestionó la capacidad de respuesta británica y analizó el conflicto geopolítico en el marco de las nuevas medidas del Gobierno argentino sobre el Atlántico Sur.
El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos solicitó al Gobierno de Portugal reconsiderar los recortes a la legislación de identidad de género, alertando que la iniciativa reintroduce la patologización médica sobre la población trans.
Un estudio histopatológico determinó que Ángela Álvarez sufrió una muerte violenta por sofocación. Cuatro hombres quedaron imputados por robo seguido de muerte.
Durante la grabación del programa de Mario Pergolini en eltrece, Eugenia Suárez habría destruido un retrato de Martín Cirio ubicado en su camarín, según reveló Marina Calabró tras detallar viejos enfrentamientos entre ambas figuras.
Antes de su remate el 9 de diciembre en Nueva York, el vestido de seda que Diana de Gales inmortalizó en 1994 será exhibido globalmente por Sotheby’s, con una estimación de hasta 300 mil dólares.
En un reconocimiento inédito para el automovilismo nacional, la Legislatura porteña declaró de Interés Deportivo al TC2000. La iniciativa destaca más de cuatro décadas de trayectoria e innovación tecnológica vinculadas a las calles y autódromos de la Ciudad.
Boca Juniors venció 3-1 a Central Córdoba en La Bombonera con una alineación alternativa, impulsado por dos goles de Ángel Romero y el estreno goleador de Enner Valencia, a días del cruce decisivo por Copa Sudamericana.