El Estudio Antártico Británico (BAS, por sus siglas en inglés) resguardó en su sede de Cambridge una pieza clave para la paleontología global sin conocer su verdadera naturaleza.
El fragmento, desenterrado originalmente en la isla James Ross el 9 de diciembre de 1985, permaneció archivado bajo la clasificación errónea de “vértebra de reptil grande“. El equipo de excavación original supuso de forma incorrecta que los restos pertenecían a un espécimen marino debido a las condiciones del terreno.
Recientemente, el responsable de las colecciones del BAS, Mark Evans, localizó la pieza de 10 centímetros de ancho durante una revisión de rutina en los depósitos institucionales.
Al notar características morfológicas ajenas a los reptiles marinos, Evans solicitó la colaboración del profesor del Museo de Historia Natural de Londres, Paul Barrett. El especialista identificó una serie de articulaciones esféricas, depresiones y protuberancias que resultan exclusivas de la anatomía de los dinosaurios terrestres.
Paralelamente, los resultados del análisis, publicados en la revista Acta Palaeontologica Polonica, certificaron que la pieza es una vértebra caudal de un titanosaurio. Esta familia abarca a los animales terrestres de mayor envergadura en la historia del planeta.
El examen geológico determinó que la estructura ósea se encontraba junto a sedimentos marinos y amonitas. Los científicos dedujeron que el animal murió en tierra firme y sus restos fueron arrastrados hacia el océano por la corriente de un río antiguo.