El ascenso de Santilli y las grietas en el poder libertario
El reconocido editorialista, Joaquín Morales Solá, analiza la designación de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete y ministro del Interior tras la escandalosa eyección de Manuel Adorni —primer jefe de ministros en 32 años en renunciar acosado por denuncias de corrupción—. Define al flamante funcionario como un “viejo acróbata de la política” que asume la Jefatura condicionado por la escasez de cuadros propios del oficialismo y la feroz disputa interna entre Karina Milei, partidaria de listas “monocolor” para la reelección, y el asesor Santiago Caputo, partidario de tejer alianzas amplias con gobernadores.
Aunque Santilli sintoniza con el pragmatismo de Caputo, su ascenso se debe exclusivamente a la hermana presidencial, marcando una anomalía frente a sus antecesores (Posse y Francos), quienes provenían de la corporación aeroportuaria de Eurnekian y mantenían un vínculo directo con el primer magistrado. El autor cuestiona las chances del nuevo ministro para cumplir su promesa de “pacificar” el escenario:
“La pregunta sin respuesta es si Santilli llegó para acordar (y “pacificar”, como anuncia él) o si la política de confrontación de Milei se impondrá sobre cualquier otro proyecto”.
El impacto en el PRO y el desgaste de Milei
La designación de Santilli no responde a un acuerdo institucional con el PRO. De hecho, ocurrió en paralelo a nuevos agravios públicos de Javier Milei hacia Mauricio Macri. El distanciamiento entre ambos espacios se profundiza al calor de la última encuesta de Poliarquía, que registra un desplome de 11 puntos en la aprobación presidencial —cayendo por debajo del 40%—, con una fuga crítica del 20% de los votantes que en 2023 apoyaron a Patricia Bullrich. Esto empuja a Macri a “volver al ruedo” para evitar que el país quede nuevamente en manos del kirchnerismo, tironeado por gobernadores e intendentes que exigen pactar con la Casa Rosada para asegurar sus distritos locales.
Dualidad económica y contorsionismo político
Morales Solá concluye detallando la encrucijada de la gestión de cara a los comicios: la reactivación depende del respeto a las instituciones y de una compleja transición económica. Las apuestas del Presidente (agroindustria, energía, minería e Inteligencia Artificial) representan solo el 20% del PBI, mientras que los sectores que generan empleo masivo (industria tradicional, comercio y construcción) equivalen al 45% y continúan en caída. Esto consolida un país fracturado donde “Neuquén es Abu Dabi y el conurbano es el Congo”. En este contexto, el éxito de Santilli dependerá de sus dotes de contorsionista político, habiendo saltado del peronismo al macrismo, luego al larretismo y ahora al corazón del mileísmo sin cosechar enemigos en el camino.