Nicolás Zaffora dirige la confección de trajes a medida en Retiro tras abandonar el claustro religioso. Su método textil revaloriza el diseño manual y el análisis de imagen frente a la serialización de la industria contemporánea.
Nicolás Zaffora dirige la confección de trajes a medida en Retiro tras abandonar el claustro religioso. Su método textil revaloriza el diseño manual y el análisis de imagen frente a la serialización de la industria contemporánea.

El traje sastre masculino sobrevive en el siglo XXI como una estructura de líneas pulidas y geométricas que proyecta liderazgo. El sastre argentino Nicolás Zaffora, recientemente galardonado con el premio al Mejor Diseñador de Moda Masculina en los Martín Fierro de la Moda 2026, analizó la evolución de esta indumentaria y el retorno global hacia la confección artesanal.
Según el especialista, los patrones fundamentales de la prenda, como el armado de los hombros y el entalle de la cintura, persisten a través de las décadas debido a su adaptabilidad a las transformaciones del diseño contemporáneo.
Paralelamente, la indumentaria a medida experimentó un desplazamiento comercial desde la Revolución Industrial. La producción masificada relegó a los talleres artesanales hacia un sector de alto poder adquisitivo, denominado por sectores especializados como ultra lujo.
El diseñador, quien confecciona prendas para figuras del ámbito público y cultural como el conductor Iván de Pineda, señaló que la digitalización y la serialización textil generaron una saturación de desperdicios que impulsa una revalorización de los procesos hechos a mano.
La técnica de Zaffora se consolidó mediante una trayectoria personal vinculada a sistemas de estricta disciplina. El sastre creció bajo la tutela de su abuelo militar tras la desaparición de sus padres en 1977, durante la última dictadura argentina. Posteriormente, ingresó a una congregación religiosa a los 18 años, donde realizó los votos de pobreza, castidad y obediencia.
En aquel entorno monástico recibió la instrucción de confeccionar sotanas para la comunidad debido a los altos costos de importación de la ropa eclesiástica.
Durante su permanencia en el claustro, el actual diseñador buscó formación externa en los talleres del sastre Natalio Argento en la Ciudad de Buenos Aires, donde incorporó los rudimentos básicos del corte y la costura.
Zaffora abandonó la vida religiosa a los 28 años tras experimentar situaciones de maltrato psicológico y físico dentro de la institución, la cual fue disuelta posteriormente por las autoridades de la Iglesia católica.
Tras un periodo de cinco años de transición económica y aprendizaje con diferentes maestros sastres, fundó su propia marca de alta costura, que actualmente registra dieciséis años de actividad en el barrio de Retiro.
La dinámica de producción del taller opera bajo un esquema que utiliza el error como un dinamizador del aprendizaje. El equipo de confección ensaya modificaciones en los métodos y diseños dentro del atelier, integrando las fallas como oportunidades de optimización técnica.
Para el realizador, el reconocimiento obtenido en la industria de la moda valida este sistema de trabajo basado en la experiencia humana frente a los contenidos generados por la inteligencia artificial.
Por otra parte, la transición hacia la era de la hiperindividualización modificó la demanda de los consumidores masculinos. Ante la declinación del uso del traje como uniforme social obligatorio, los usuarios buscan asesoría específica en comunicación e imagen para definir su identidad cotidiana o corporativa.
La durabilidad de las técnicas tradicionales permite que las prendas adquieran una vida útil prolongada, en contraste con los ciclos de descarte de la moda serializada.
La vigencia de la artesanía textil plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de los oficios clásicos en los mercados actuales. La coexistencia entre las plataformas de manufactura automatizada y los talleres de costura manual delimita dos formas contrapuestas de entender el consumo de indumentaria.
El equilibrio entre el rendimiento económico y la preservación de técnicas históricas permanece como el núcleo del debate en la vestimenta contemporánea. ¿Logrará la personalización artesanal resistir de forma permanente la estandarización tecnológica de la vestimenta global?
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