J.P. Morgan advirtió que el programa puede sufrir “estrés” ante una polarización electoral”

El banco de inversión consideró viables las metas para lo que resta de 2026, pero alertó que un escenario político reñido el año próximo reduciría el crédito privado y obligaría al Tesoro a demandar más dólares del Banco Central.

El diseño del programa financiero presentado por el Gobierno nacional comenzó a ser evaluado minuciosamente por los analistas e inversores de Wall Street. En las últimas horas, un informe detallado del J.P. Morgan analizó las proyecciones oficiales y lanzó una advertencia clara: si bien las metas de corto plazo lucen cumplibles, el esquema trazado para el año próximo podría enfrentar severas condiciones de estrés si se consolida una alta polarización electoral.

Según el reporte distribuido por la entidad bancaria a sus clientes, el plan oficial para cerrar el año en curso cuenta con un margen de maniobra razonable. El Gobierno expuso que las necesidades financieras para lo que resta de 2026 ascienden a u$s19.200 millones, mientras que las fuentes de financiamiento obtenidas alcanzan los u$s22.900 millones. Para la firma internacional, estos supuestos son totalmente factibles y el excedente proyectado de u$s3.700 millones funcionará como un colchón indispensable frente a las exigencias venideras.

Sin embargo, las dudas se trasladan a la ingeniería presupuestaria diseñada para el próximo período, donde las obligaciones fiscales del sector público escalan a un total de u$s24.900 millones. El Palacio de Hacienda prevé cubrir esa cifra apelando a cinco vías de ingresos: la emisión de nueva deuda local, compras de divisas al Banco Central (BCRA), privatizaciones de empresas públicas, acuerdos bilaterales y desembolsos de organismos multilaterales (excluyendo al FMI). Este esquema de base asume que el presidente Javier Milei mantendrá una sólida ventaja competitiva frente a la oposición durante todo el ciclo político.

En caso de que la contienda electoral se vuelva más reñida, el J.P. Morgan planteó una simulación de estrés que altera drásticamente los flujos de financiamiento estimados por el oficialismo. Bajo este modelo de tensión, el ingreso por emisiones de bonos locales (Bonar) se reduciría a la mitad, cayendo de u$s5.000 millones a u$s2.500 millones debido a la natural cautela del mercado privado. Asimismo, los fondos por privatizaciones descenderían a u$s1.000 millones (desde u$s1.500 millones) y los créditos de organismos multilaterales bajarían a u$s3.500 millones (desde los u$s4.200 millones proyectados).

Ante esta retracción del crédito voluntario, la brecha financiera restante trasladaría toda su presión sobre la autoridad monetaria. El informe sostiene que el bache debería cubrirse mediante una fuerte acelaración en las compras de dólares del Tesoro al BCRA, un volumen que escalaría hasta los u$s10.700 millones, frente a los u$s4.900 millones fijados inicialmente. Semejante demanda de divisas requerirá que el Banco Central acelere sustancialmente el ritmo de acumulación de reservas netas si pretende convalidar el programa sin generar nuevas e imprevistas presiones cambiarias.

De este modo, la entidad subraya que la viabilidad del programa de financiamiento a largo plazo está vinculada indisolublemente al escenario político doméstico. Si el ruido de la campaña interfiere con la renovación de los títulos locales o traba los desembolsos internacionales, el BCRA se transformará en el principal y definitivo sostén del programa financiero, forzando una mayor disciplina fiscal y una rigurosa administración de las divisas durante todo el año electoral.

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