La plasticidad del ser humano: Pilar Sordo explicó por qué las personas cambian constantemente según sus circunstancias

En una entrevista con LA NACION, la psicóloga chilena analizó cómo el diálogo interno moldea la realidad, advirtió sobre los peligros emocionales de la pérdida de vocabulario y destacó la importancia de aceptar el dolor para evolucionar.

La psicología aplicada al comportamiento individual revela la profunda plasticidad que posee la identidad humana frente a los hechos de la vida cotidiana. Lejos de la creencia de que la personalidad está compuesta por rasgos estáticos, la evolución del carácter demuestra que las estructuras psíquicas se transforman de manera permanente en función de las prioridades y las experiencias. En este marco, la reconocida psicóloga y escritora chilena Pilar Sordo participó del ciclo Conversaciones de LA NACION, donde expuso las principales conclusiones de sus investigaciones en torno a la estabilidad emocional, el lenguaje y la maduración.

Para la especialista, la rigidez conductual es un mito, dado que modificamos nuestras opiniones y actitudes a lo largo de toda la existencia. “Cambiamos todo el tiempo y sería triste que las experiencias no te cambien”, afirmó Sordo, destacando que los seres humanos somos y reaccionamos en estricta dependencia de las circunstancias. Bajo esta perspectiva, una persona puede manifestar altos niveles de ansiedad ante determinados contextos y mostrarse hiper tranquila en otros. La maduración de una persona radica en la capacidad de integrar los cambios externos con la realidad afectiva interna, un proceso que requiere indispensables dosis de aceptación de la propia vulnerabilidad.

Uno de los ejes centrales del encuentro fue el resultado de dosificados años de estudio continuo sobre los factores que determinan el equilibrio psíquico. Sordo explicó que la unidad más básica de la salud mental es el diálogo interno. El modo en que un individuo se habla a sí mismo no solo define su nivel de amor propio y su autoestima, sino que determina su visión del mundo y su capacidad de resiliencia ante la incertidumbre. Prestar atención a esta narrativa íntima resulta vital, ya que la forma en que nos contamos nuestra propia historia influye en la salud psíquica e impacta en las interacciones sociales.

Asimismo, la autora alertó sobre un fenómeno preocupante: la degradación del léxico actual provocada por el uso excesivo de tecnologías y recursos visuales. Al respecto, citó una advertencia del psiquiatra José Luis Marín, quien sostiene que “nos enfermamos por falta de vocabulario”. La reducción de las palabras que utilizamos limita la expresión de sentimientos complejos, lo que genera una profunda frustración emocional. Según la experta, recuperar el valor de una conversación genuina exige la disposición a transformarse con lo que el otro dice, evitando que los diálogos se conviertan en meros monólogos intermitentes.

Finalmente, Sordo analizó el rol del sufrimiento en el desarrollo del individuo, afirmando de manera categórica que “crecer duele”. En una sociedad contemporánea que funciona como experta en fuga y evita sistemáticamente cualquier situación incómoda, la especialista propuso adoptar una postura de apertura frente a las crisis para facilitar el aprendizaje. En este sentido, remarcó que la docilidad frente al dolor es clave en el proceso de crecimiento, puesto que la resistencia obstinada ante el padecimiento solo logra que este persista y bloquee cualquier posibilidad de evolución humana.

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