Moody’s subió la nota de la deuda argentina y vaticina un nuevo ciclo de estabilidad aunque con advertencias

La agencia calificadora elevó la nota soberana a B3 con perspectiva positiva, destacando el superávit fiscal y la baja de la inflación. El Gobierno celebra el alineamiento de las tres grandes agencias de Wall Street tras más de una década.

En un contundente voto de confianza para el rumbo económico del país, la agencia calificadora Moody’s Ratings oficializó la suba de la nota de la deuda soberana de Argentina, pasándola de Caa1 a B3 tanto para los compromisos en moneda local como en extranjera. La decisión estuvo acompañada por un cambio fundamental en la perspectiva del país, que pasó de estable a positiva, una señal explícita de que Wall Street anticipa nuevas mejoras crediticias en el corto y mediano plazo si se consolida el esquema macroeconómico.

Según argumentó la prestigiosa firma estadounidense en su informe técnico, la revisión al alza responde directamente a una reducción significativa del riesgo de default. Para los analistas de la agencia, el proceso de estabilización superó con éxito la fase inicial del ajuste fiscal y comenzó a consolidar una mejora estructural en los fundamentos crediticios del país. Entre los pilares que sustentan la medida, la calificadora ponderó el sostenimiento del superávit fiscal, la desaceleración persistente de la inflación y la aceleración de las reformas de liberalización económica.

El informe resalta además el fortalecimiento del sector externo, impulsado por una sólida performance exportadora y el desembarco de Inversiones Extranjeras Directas (IED) en áreas clave como energía y minería. Esta dinámica, sumada a un acceso más fluido al financiamiento internacional, está sentando las bases para una mayor acumulación de reservas internacionales en las arcas del Banco Central de la República Argentina.

Un dato relevante del análisis de Moody’s reside en su mirada sobre el escenario político con la vista puesta en las elecciones generales de 2027. Pese a los riesgos inherentes a todo proceso electoral, la agencia sostuvo que la probabilidad de una ruptura drástica en el modelo económico es sustancialmente menor que en ciclos anteriores. La calificadora subrayó que existe una creciente aceptación social de la disciplina fiscal y un respaldo político transversal que incentivará a las futuras administraciones a preservar los pilares del actual programa.

La novedad generó euforia inmediata en los despachos oficiales. El secretario de Política Económica, José Luis Daza, celebró que las tres principales agencias globales (Moody’s, S&P y Fitch) quedaron alineadas en la categoría equivalente a B- por primera vez en más de una década. El funcionario explicó que esta convergencia destraba restricciones para miles de mandatos e inversores institucionales que desde hoy tienen luz verde para colocar capitales en activos argentinos. “El mensaje principal de Moody’s es que esta vez es diferente”, remarcó Daza, enfatizando que la estabilización no depende de maniobras transitorias. Por su parte, el ministro de Economía, Luis Caputo, celebró efusivamente la decisión a través de un mensaje público en sus redes sociales.

El impacto de la medida excede al Estado nacional y derrama de forma directa sobre el sector privado corporativo. Al elevar el techo de calificación crediticia a Ba3 para obligaciones en moneda local y a B1 para moneda extranjera, Moody’s abrió la puerta para que las principales empresas argentinas puedan recibir calificaciones más elevadas de forma independiente. Esta mejora técnica se traducirá progresivamente en una reducción sustancial del costo de financiamiento y en un acceso renovado a los mercados globales de capitales. Al mantener la perspectiva positiva, la calificadora dejó la puerta abierta para concretar un nuevo upgrade en un horizonte de 12 a 18 meses si se sostienen los resultados.

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