Tormenta en el Capitolio: el costo de la guerra en Irán acorrala a la Casa Blanca y fractura al Congreso

Con u$s37.500 millones consumidos en semanas y un pedido desesperado de u$s87.600 millones más, el gabinete de Donald Trump enfrentó un durísimo careo en el Senado. Crece la indignación por el impacto del conflicto en los precios de los alimentos y la nafta, mientras la cúpula militar admite que no hay una fecha de finalización …

Lo que la Casa Blanca vendió inicialmente como una operación militar relámpago de pocas semanas se ha transformado en un cruento callejón sin salida y un abismo financiero para las arcas de Estados Unidos. La tensa comparecencia ante el Comité de Apropiaciones del Senado dejó al descubierto la creciente fractura política en Washington, donde legisladores de ambos partidos arrinconaron al secretario de Defensa, Pete Hegseth, y al jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, exigiendo explicaciones concretas sobre una guerra sin rumbo claro ni estrategia de salida.

Durante la audiencia, Hegseth le puso número oficial por primera vez a la factura bélica: el conflicto con Irán ya le costó a los contribuyentes estadounidenses u$s37.500 millones. Lejos de moderar el gasto, el Pentágono solicitó un paquete presupuestario suplementario por u$s87.600 millones adicionales, de los cuales más de u$s67.000 millones irán directo a oxigenar las arcas del Departamento de Defensa. El pedido encendió las alarmas en el Capitolio, en un contexto donde el propio Pentágono aún no terminó de ejecutar los fondos asignados el año pasado, desatando la indignación de senadores que denunciaron un “cheque en blanco” para una contienda militar no autorizada formalmente.

El contrapunto más feroz de la jornada reflejó el abismo entre el discurso oficial y la realidad socioeconómica de los ciudadanos. Mientras la administración busca financiamiento ilimitado para sus misiles, la inflación golpea de lleno el bolsillo de las familias norteamericanas, que ven cómo las facturas del supermercado y el precio de la gasolina en los surtidores no paran de escalar. “Usted está pidiendo miles de millones para una guerra que dijo que duraría semanas, mientras esta administración prioriza un conflicto impopular en el extranjero por encima de la capacidad de sus ciudadanos para alimentar a sus familias“, recriminó con dureza la senadora demócrata Kirsten Gillibrand.

La presión sobre la Casa Blanca no es solo fiscal, sino también humana y geopolítica. Con 18 soldados estadounidenses fallecidos y más de 100 heridos desde principios de julio, el costo en vidas sigue aumentando sin que el Pentágono pueda garantizar el control de la zona. Pese a los constantes bombardeos, Teherán mantiene semibloqueado el tránsito por el estratégico estrecho de Ormuz, amenazando con extender la paralización al mar Rojo y alterando la estabilidad del comercio energético global.

El momento de mayor tensión en el Senado ocurrió cuando la cúpula militar fue cuestionada sobre cuándo y cómo terminará la incursión. La respuesta del general Caine fue lapidaria: “No puedo decir cuánto costará ni cuándo terminará, porque el enemigo también vota”. Sin un plan de victoria tangible y con la opinión pública dándole la espalda a la gestión del conflicto, el temblor político amenaza con impactar de lleno en las próximas elecciones de medio término, erosionando el liderazgo de Donald Trump y poniendo a prueba la cohesión de la mayoría republicana en el Congreso

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