El petróleo vuelve a superar los US$ 100 y crece la preocupación por el impacto global del conflicto en Medio Oriente

Los nuevos ataques en el Mar Rojo y la escalada entre Estados Unidos e Irán dispararon el precio del crudo. Los mercados temen una interrupción prolongada del suministro mundial.

Petrolero capturado. Archivo

La escalada militar en Medio Oriente volvió a golpear con fuerza a los mercados internacionales. El precio del petróleo registró este jueves una fuerte suba y el barril de Brent, referencia para Argentina y gran parte del mundo, volvió a cotizar por encima de los US$ 100 por primera vez desde que recrudeció el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.

El Brent avanzó un 6,45% y alcanzó los US$ 100,15 por barril, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) trepó un 5,49% hasta ubicarse en US$ 91,56. El salto refleja la creciente preocupación de los inversores por un posible agravamiento del conflicto y por las consecuencias que podría tener sobre el abastecimiento mundial de energía.

El nuevo incremento se produjo luego de que los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Irán, aseguraran haber atacado dos petroleros sauditas en el Mar Rojo. Casi en simultáneo, Estados Unidos llevó adelante su duodécima noche consecutiva de bombardeos contra objetivos vinculados al régimen iraní, mientras las negociaciones diplomáticas continúan sin avances significativos.

La combinación de ambos episodios alimentó los temores sobre una expansión del conflicto hacia nuevas rutas estratégicas para el transporte de hidrocarburos. Los mercados consideran que cualquier interrupción prolongada del comercio marítimo podría afectar la oferta mundial de petróleo y provocar nuevas subas de precios.

Uno de los principales focos de tensión continúa siendo el Estrecho de Ormuz, un corredor marítimo por donde, en condiciones normales, circula aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas comercializados en el planeta. El control de ese paso estratégico se transformó en uno de los ejes centrales de la disputa entre Washington y Teherán.

Mientras la Casa Blanca busca garantizar la libre circulación de los buques comerciales y recuperar el flujo habitual del transporte marítimo internacional, Irán sostiene que tiene derecho a administrar el tránsito por el estrecho e incluso aplicar tarifas a las embarcaciones que lo atraviesan.

En ese contexto, el Comando Central de Estados Unidos afirmó que sus operaciones militares buscan “degradar la capacidad de Irán para amenazar a buques comerciales y marinos civiles” que navegan por la región.

La tensión también quedó reflejada en las declaraciones del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien sostuvo que el precio del petróleo continuará aumentando mientras no exista una solución política al conflicto.

“El precio seguirá subiendo cada noche hasta que entren en razón”, afirmó durante una conferencia de prensa en Filipinas, donde participó de una cumbre regional.

Además, aseguró que Irán intenta reabrir negociaciones, aunque sostuvo que la administración de Donald Trump considera que todavía no existen condiciones para alcanzar un acuerdo duradero.

Del lado iraní, la Guardia Revolucionaria mantiene una fuerte presencia sobre las rutas marítimas cercanas al Estrecho de Ormuz y, según distintas versiones, habría intensificado las acciones contra embarcaciones que utilizan corredores protegidos por fuerzas estadounidenses.

Como respuesta, Washington endureció nuevamente las sanciones económicas, reforzó el bloqueo sobre puertos iraníes y amplió su campaña militar sobre distintos objetivos estratégicos.

Los productores buscan rutas alternativas

La incertidumbre también aceleró cambios estructurales en la industria petrolera. Los principales productores del Golfo Pérsico comenzaron a impulsar proyectos destinados a reducir su dependencia del Estrecho de Ormuz.

Según distintas fuentes del sector energético, actualmente existen al menos siete proyectos de oleoductos en construcción, planificación o evaluación que buscan trasladar parte del petróleo hacia puertos ubicados en el Mar Rojo, el Golfo de Omán y el Mar Mediterráneo.

La intención es contar con corredores alternativos que permitan sostener las exportaciones aun cuando el paso por Ormuz resulte restringido o demasiado riesgoso.

Sin embargo, los recientes ataques hutíes contra petroleros sauditas también sembraron dudas sobre la seguridad de esas rutas alternativas. El Mar Rojo, considerado hasta hace poco una opción para reducir riesgos, también comenzó a mostrar signos de creciente vulnerabilidad.

Además, varios analistas advierten que estos nuevos corredores implicarán mayores costos logísticos y tiempos de transporte más largos, factores que también podrían trasladarse al precio final del petróleo.

Para los especialistas, la actual crisis dejó una conclusión compartida entre los grandes exportadores de crudo: depender casi exclusivamente del Estrecho de Ormuz dejó de ser una estrategia sostenible. Mientras la guerra continúa sin una salida política clara, los mercados permanecen atentos a cada movimiento militar, conscientes de que cualquier nuevo episodio puede traducirse en otro salto del precio del petróleo y un mayor impacto sobre la economía global.

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