La ciudad de Miramar, tradicionalmente asociada al turismo costero, experimenta una transformación productiva impulsada por el cultivo de kiwi orgánico. Ubicada en una latitud geográfica equivalente a la de Nueva Zelanda, la región bonaerense cuenta con condiciones climáticas ideales que favorecen el desarrollo de esta fruta de alto valor nutricional.
Datos clave del sector:
Superficie nacional: Argentina pasó de 600 a 1.200 hectáreas cultivadas de kiwi.
Mercados internacionales: Exportación activa hacia Países Bajos, Alemania, Italia, Reino Unido y Estados Unidos.
Estándares de calidad: Certificaciones internacionales Global Gap y Spring avalan la producción.
El crecimiento de la actividad en el partido de General Alvarado generó un fuerte impacto en el empleo local, atrayendo a trabajadores de localidades vecinas como Otamendi. La recolección manual exige estándares de manipulación rigurosos, donde la fruta debe extraerse sin el cabito para evitar daños en la piel durante el almacenamiento refrigerado.
Para consolidar la comercialización y optimizar los procesos postcosecha, diez emprendedores de la zona conformaron la Cooperativa Ecco Kiwi Argentina. Esta estructura asociativa cuenta con una planta de empaque de 1.600 metros cuadrados, donde se realizan las tareas de calibrado, clasificación y conservación en cámaras frigoríficas a cero grados.
Historia, expansión y ventajas competitivas
Aunque las primeras variedades desembarcaron en el país entre fines de los años ochenta y principios de los noventa, la expansión sostenida del sector se consolidó durante la última década. El crecimiento de la superficie implantada en el territorio nacional refleja un potencial productivo sin techo previo, posicionando a la fruta argentina en los mercados globales.
Respecto a los antecedentes del cultivo, Sebastián Goycoa, socio del campo El Abrojito, remarcó: “Las primeras plantas de kiwi entraron al país entre fines de los años ‘80 y principios de los ‘90. Se colocaron en algunas plantaciones muy chicas y no tuvieron un gran desarrollo en esa época. En el 2000 hubo otro momento de crecimiento y en esa camada entramos nosotros”.
El desarrollo técnico actual contempla un esquema de 760 plantas por hectárea, respaldado por barreras arboladas de casuarinas para proteger los cultivos de los vientos marinos. La producción cuenta además con reconocimiento de Identificación Geográfica, paso previo a la obtención de la Denominación de Origen para el kiwi local.
Proyección internacional y calidad organoléptica
El perfil organoléptico del producto se distingue por un balance óptimo entre acidez y dulzura, superando las características del kiwi tradicional. Esta particularidad permite abastecer la demanda de consumidores exigentes en el continente europeo, resistiendo los extensos trayectos de flete marítimo de hasta cuarenta días de navegación.
Sobre la inserción externa, Goycoa destacó: “Nuestro kiwi tiene un sabor único y es de exportación. Viaja en cajas duras, tiene que recorrer 30 o 40 días de barco y llegar con su dulzor justo a Países Bajos, Alemania, Italia, Portugal, Inglaterra”. Esta capacidad logística consolida la presencia argentina frente a competidores tradicionales del hemisferio sur.
Asimismo, Laureano Goycoa, presidente de la cooperativa, reafirmó la excelencia competitiva alcanzada por los productores miramarenses al señalar que la fruta local “es uno de los mejores del mundo”. La continua apertura de plazas comerciales refuerza el posicionamiento estratégico del sudoeste bonaerense como referente frutícola regional.