Domenico Giani, el hombre que custodió durante 22 años los pasos de tres pontífices, revela los desafíos de proteger a líderes que desafían los protocolos y detalla la compleja ingeniería logística que se desplegará en la Argentina en noviembre.
Domenico Giani, el hombre que custodió durante 22 años los pasos de tres pontífices, revela los desafíos de proteger a líderes que desafían los protocolos y detalla la compleja ingeniería logística que se desplegará en la Argentina en noviembre.

Proteger a un jefe de Estado cuyo mandato principal es romper las distancias con la multitud representa un dilema constante para las fuerzas de inteligencia. Durante más de dos décadas, Domenico Giani tuvo a su cargo la tarea de resolver esa ecuación al frente de la Gendarmería Vaticana. Tras haber custodiado a Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, el excomandante analiza la trastienda de un dispositivo de seguridad que debe ser tan estricto como imperceptible, al tiempo que se activan los preparativos para la visita del papa León XIV a la Argentina en noviembre.
La trayectoria de Giani en la Santa Sede comenzó en 1999, cuando revistaba en los servicios de inteligencia italianos y coordinó la seguridad de una visita de Juan Pablo II al santuario de La Verna. Su desempeño derivó en su incorporación al cuerpo policial pontificio, donde asumió la jefatura en 2006. Al mando de 130 efectivos con formación militar, supervisó más de 80 viajes apostólicos internacionales, enfrentando escenarios que iban desde amenazas latentes hasta crisis diplomáticas en zonas de conflicto.
Al momento de evaluar la complejidad de los pontífices bajo su custodia, Giani señala que el papa argentino representó el desafío operativo más exigente. La predisposición de Jorge Bergoglio a alterar los recorridos prefijados, detenerse ante los fieles o romper el cerco de contención obligó a redefinir los esquemas tradicionales. Episodios como los mates compartidos desde el papamóvil en la Plaza de San Pedro grafican esa doctrina de flexibilidad: la seguridad vaticana optó por la impredecibilidad compartida, tomando decisiones en el último instante para neutralizar riesgos sin obstaculizar el contacto pastoral.
El modelo de protección vaticano combina la rápida intervención táctica con la diplomacia internacional. Giani demostró esa dualidad al neutralizar a Susanna Maiolo cuando se abalanzó contra Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro en las Nochebuenas de 2008 y 2009. Años más tarde, durante la guerra civil en la República Centroafricana, el exjefe de seguridad debió negociar una tregua directa entre las facciones rebeldes Seleka y Anti-Balaka en Bangui, coordinada con las Naciones Unidas, para garantizar la integridad de Francisco y de la población civil durante su visita apostólica.
Esa misma estructura metodológica es la que se pone en marcha frente a la llegada del papa León XIV a la Argentina prevista para noviembre. Según detalló Giani, el protocolo vaticano exige un procedimiento riguroso que comienza con la doble invitación formal del Gobierno nacional y de la Conferencia Episcopal Argentina. A partir de la articulación entre la Secretaría de Estado y la Nunciatura Apostólica, se despliega un equipo interdisciplinario de avanzada.
Este contingente técnico, integrado por especialistas en seguridad, logística, protocolo, comunicaciones y liturgia, desembarca con meses de antelación en el país anfitrión. Su función central consiste en coordinar con las fuerzas de seguridad locales, organismos de inteligencia y autoridades eclesiásticas cada trayecto, punto de concentración masiva y plan de contingencia médica. Como sostiene Giani, la efectividad del operativo radica en que los agentes permanezcan mimetizados entre la multitud, garantizando un entorno seguro sin alterar el carácter abierto y simbólico de la figura papal.
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Domenico Giani, el hombre que custodió durante 22 años los pasos de tres pontífices, revela los desafíos de proteger a líderes que desafían los protocolos y detalla la compleja ingeniería logística que se desplegará en la Argentina en noviembre.
José Flores Flores busca la validación internacional como el hombre más longevo del mundo desde la provincia de Guanacaste, Costa Rica. Su rutina diaria, basada en alimentos poco procesados, trabajo físico y una fuerte red familiar, reaviva el debate sobre el peso del entorno en el envejecimiento