Durante décadas considerada un refugio aislado de la actividad industrial, la Antártida experimenta un cambio drástico en su función ambiental. Una investigación internacional publicada en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS) confirmó que el continente blanco dejó de actuar como sumidero para transformarse en una fuente activa de contaminación por mercurio.
Datos clave del estudio:
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Tasa de acumulación: el doble del promedio global en plataformas continentales.
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Incremento histórico: La acumulación creció un 160% desde la industrialización a mediados del siglo XIX.
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Liberación terrestre: El deshielo multiplicó por 5,5 (550%) la salida de mercurio acumulado en tierra hacia el océano.
El estudio, liderado por el científico ambiental Chengzhen Zhou, de la Universidad de Pekín, demuestra que la combinación del calentamiento global y la deposición atmosférica aceleró el ciclo de este metal pesado. El fenómeno impacta directamente sobre la plataforma de la Península Antártica, la región más vulnerable al retroceso glaciar.
Históricamente, los hielos polares retenían la contaminación atmosférica derivada de la quema de combustibles fósiles y la minería a miles de kilómetros. Sin embargo, la pérdida acelerada de masa helada revirtió este equilibrio, removilizando los depósitos hacia las aguas marinas.
Mecanismos acoplados e incremento en las emisiones
Los investigadores analizaron registros geoquímicos e isotópicos provenientes de 16 núcleos de sedimentos marinos. Los resultados confirmaron que la remoción del metal pesado opera mediante dos mecanismos acoplados que retroalimentan la transferencia hacia el ecosistema costero.
Por un lado, el retiro del hielo abre espacio a aguas abiertas, aumentando la absorción directa de mercurio atmosférico en un 350%. Por otro lado, la erosión y el deshielo activan el transporte desde los glaciares y suelos terrestres, liberando el mercurio histórico retenido durante siglos.
Al respecto, los autores señalaron en la publicación: “Los resultados revelan que el calentamiento polar está transformando la criosfera antártica, de un sumidero de mercurio a una fuente activa de contaminación secundaria, con importantes implicaciones para el riesgo futuro en los océanos”.
Amenazas para los ecosistemas marinos y la cadena trófica
El mercurio está clasificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) entre las diez sustancias químicas de mayor preocupación para la salud pública. En ambientes marinos, bacterias presentes en el hielo polar convierten el elemento en metilmercurio, una potente neurotoxina.
Esta forma química altamente tóxica se bioacumula en la cadena alimentaria, afectando al krill, los peces, las aves y los mamíferos marinos del Océano Austral. El incremento de las concentraciones pone en riesgo la fauna polar y las pesquerías internacionales que operan en aguas del hemisferio sur.
Los hallazgos abren un nuevo paradigma sobre las consecuencias indirectas del cambio climático. La pérdida de la criosfera no solo altera el nivel del mar, sino que desencadena la redistribución de tóxicos acumulados durante la era industrial.