Bonarda Argentina: las claves de un varietal propio

Durante décadas habitó el paisaje vitivinícola argentino a la sombra del Malbec. La Bonarda Argentina ha recorrido un largo camino desde las laderas alpinas de Saboya hasta los suelos de San Martín y el Este mendocino. Hoy celebra un proceso de redescubrimiento profundo.

por Silvia maruccio - sommelier

Para comprender a la Bonarda es necesario realizar una travesía en el tiempo y el espacio. Como explica el enólogo e investigador Roberto González —autor del libro Bonarda, la historia de un gran vino—, la variedad llegó a la Argentina de la mano de la gran corriente de inmigración italiana de finales del siglo XIX (entre 1870 y 1890) a través de la expansión del ferrocarril. 

“Los colonos traían consigo estacas de sus tierras natales. Al no existir un registro ampelográfico estricto —una disciplina muy reciente por aquel entonces—, el conjunto de plantas se identificaba sencillamente por el país de origen de los agricultores”, señala González. 

En la Argentina de principios del siglo XX coexistían dos grandes familias de varietales introducidos: los franceses (Malbec, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, traídos por Aimé Pouget en 1853) y los italianos (Barbera, Bonarda, Nebbiolo, Sangiovese). La denominación formal del cepaje aparece documentada por primera vez en 1912 en la obra Contribución a los estudios ampelográficos en la provincia de Mendoza, de Leopoldo Suárez. 

A pesar de ser llamada Bonarda por más de cien años, la ciencia reveló una sorpresa. En 2008, los estudios de ADN confirmaron de manera categórica que la Bonarda Argentina no guarda parentesco genético con las Bonardas del Piamonte ni de la Lombardía italiana. 

Su verdadera identidad corresponde a la variedad Corbeau Noir (conocida también como Douce Noir en Saboya, Francia, o Charbono en Estados Unidos). En el territorio histórico de Saboya —que perteneció al Reino de Cerdeña-Piamonte hasta 1860 antes de su anexión a Francia— la uva recibía el nombre de Corbeau Noir (“cuervo negro”), en franca alusión al tono oscuro y profundo de sus hollejos, o Charbono, por su similitud visual con el carbón. 

Para preservar la denominación histórica arraigada en el patrimonio nacional y diferenciarse en los mercados de exportación, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) consagró oficialmente el nombre de Bonarda Argentina

Según Roberto González, este hallazgo convierte a nuestro país en un verdadero refugio vitícola mundial: 

“Argentina es el Parque Jurásico de esta variedad. Mientras que en su Saboya natal no quedan más de 4 hectáreas y en Estados Unidos apenas unas 20, en la Argentina contamos con más de 17.000 hectáreas. Cuando se compara el material genético importado de los viveros franceses con el nuestro, se observa que en Argentina se ha desarrollado una familia clonal propia que enriquece enormemente nuestro patrimonio vitícola”. 

San Martín y la Zona Este mendocina: el refugio del sol y la arena

Mendoza concentra el 83,9% de la superficie nacional de Bonarda, y el departamento de San Martín representa el 53% de ese total.

El enólogo David Palma destaca los factores que hacen de San Martín el terroir por excelencia para este cepaje: 

  • Suelos semidesérticos y aluviales: De textura franco-arenosa a limosa y con muy baja materia orgánica (menos del 1%), estos suelos filtran bien el agua y retienen la temperatura de manera uniforme. 
  • Acumulación de horas de sol: La Bonarda posee un ciclo biológico largo, de brotación temprana y maduración tardía. En San Martín, la elevada radiación solar le brindan las horas de calor necesarias para completar la madurez fenólica hacia fines de marzo o principios de abril. 
  • Riego de deshielo de precisión: La posibilidad de administrar el agua pura proveniente de la Cordillera de los Andes permite moderar el vigor de la cepa. 

Por su parte, Mauro Nosenzo, enólogo de Algodón Wines, enfatiza la importancia de la arquitectura del viñedo: 

“Al ser una variedad tan productiva, es fundamental equilibrar la canopia y realizar raleos de fruta. Necesitamos que la luminosidad penetre hasta el interior del racimo para lograr una maduración fenólica impecable. Cosechada con el equilibrio justo, entrega vinos con tonalidades rubí de reflejos violáceos, aromas marcados a ciruela, cereza y un paso en boca suave, equilibrado y aterciopelado”.

¿En qué se diferencia del Malbec?

Si bien el Malbec y la Bonarda son considerados “buenos amigos” en el viñedo y en los blends, individualmente tienen sus características: 

Parámetro

Malbec

Bonarda Argentina

Ciclo Fenológico

Maduración intermedia 

Brota temprano y madura de 7 a 15 días después 

Perfil Químico

Acidez moderada 

Mayor presencia de ácido succínico y acidez natural vibrante 

Perfil Aromático (Fruta)

Ciruela fresca, violetas, fruta roja 

Fruta roja fresca (guinda, cereza), toques especiados (eucalipto, clavo) 

Evolución en Botella

Notas de frutos secos, cuero y tabaco 

Notas de aceitunas negras/verdes fermentadas y matices balsámicos 

Graduación Alcohólica

Tiende a mayor concentración de azúcar 

Graduaciones moderadas e ideales para vinos livianos (12° – 13,5°) 

El futuro: investigación agronómica y la revolución de los vinos de baja graduación

Los desafíos actuales de la cepa no están en el pasado, sino en las exigencias del consumidor moderno. Desde el Vivero Mercier Argentina, el Ing. Daniel Bergamin (Director Técnico) y la Lic. Laura Bree (Responsable de Depto. de Investigación, Desarrollo, innovación & Sostenibilidad) lideran investigaciones estratégicas sobre la Bonarda. 

Dado que en Argentina no existen clones comerciales difundidos genéricamente, Vivero Mercier lleva más de 15 años seleccionando e investigando materiales genéticos en distintas regiones para ofrecer selecciones clonales de precisión. 

Su línea de trabajo más innovadora apunta a responder a la tendencia global hacia vinos más livianos y sustentables: 

“Aprovechamos estratégicamente la maduración lenta de la Bonarda para seleccionar individuos con un menor potencial natural de acumulación de azúcares. Mediante microvinificaciones técnicas y decisiones precisas de cosecha, demostramos que es posible elaborar vinos de 10° a 11° de alcohol natural. Vinos de color violáceo profundo, acidez vibrante, taninos dóciles y gran expresión frutal, sin necesidad de someter al vino a procesos industriales de desalcoholización en bodega“, explican Bergamin y Bree. 

Un varietal con ADN propio

La Bonarda Argentina ya tiene identidad propia. Con una propuesta amplia que abarca desde tintos ligeros, rosados y vinos frescos de baja graduación, hasta ejemplares de alta gama criados en barrica, la Bonarda Argentina demuestra que su historia recién comienza 

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