Un sigiloso movimiento político pone a prueba los nervios del Gobierno nacional. Detrás de las conversaciones cotidianas entre la Casa Rosada y las provincias por el debate de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), los gobernadores Martín Llaryora (Córdoba), Maximiliano Pullaro (Santa Fe) e Ignacio “Nacho” Torres (Chubut) tejen un acuerdo a dos bandas que amenaza con reconfigurar el escenario electoral de cara a 2027.
La doble negociación: Intercambian apoyo legislativo al Ejecutivo a cambio de garantizador que el oficialismo no arme listas competitivas en sus distritos.
La trampa del sistema: Exigen mantener las PASO como condición de supervivencia para definir una futura candidatura de centro.
El factor Axel Kicillof: Admiten que la consolidación del gobernador bonaerense obliga a construir un polo competitivo sin quedar atrapados en la polarización.
La paradoja de las PASO y la impaciencia de Balcarce 50
El nudo de la discordia radica en una aparente contradicción matemática y política. Mientras la Casa Rosada busca apurar la eliminación de las primarias para fragmentar al peronismo y forzar acuerdos directos, los mandatarios provinciales necesitan que el sistema de primarias siga con vida. Es la única herramienta que les permitiría resolver de forma transparente la jefatura de un espacio de centro capaz de competir contra los dos extremos del mapa político.
Esta dilación exaspera a la conducción política del oficialismo, que busca cerrar acuerdos firmes en el Congreso antes de fin de año. Sin embargo, la desconfianza mutua paraliza las firmas: los gobernadores no quieren ceder la herramienta electoral sin una garantía por escrito de que los armadores nacionales no presentarán candidatos para disputarles sus propias provincias en los comicios provinciales previstos para el primer semestre de 2027.
El rol del jefe de Gabinete, Diego Santilli, resulta central en las negociaciones, intentando tejer acuerdos que restituyan la certidumbre entre las partes. Sin embargo, en los despachos provinciales advierten sobre la acumulación de compromisos previos incumplidos, lo que convierte a cada voto en el Parlamento en un recurso estratégico que se retiene hasta el último minuto.
La ambición de la gestión y la amenaza del escenario polarizado
El cálculo de los gobernadores se nutre del músculo territorial y electoral de sus provincias. Dirigentes del entorno santafesino reconocen abiertamente que una victoria holgada en sus elecciones locales funcionaría como la plataforma de despegue inmediata hacia la contienda nacional, una aspiración que comparten en reserva tanto Llaryora —favorecido por el peso demográfico cordobés— como el chubutense Torres.
El espacio busca además tender puentes hacia el Norte Grande, con guiños al senador santiagueño Gerardo Zamora y a sectores del radicalismo que tampoco se sienten representados por la narrativa libertaria ni por el regreso del kirchnerismo. No obstante, el grupo enfrenta un dilema de escala: ningún armado moderado tendrá sentido si no logra un volumen electoral superior al de Axel Kicillof para meterse en una eventual segunda vuelta.
Lejos de la postura dogmática, el bloque provincial detectó un vacío político en el centro amplio. Los mandatarios apuestan a interpelar a un electorado de perfil productivo que rechaza de plano el retorno del kirchnerismo pero muestra signos de fatiga frente a las políticas de la Casa Rosada. Con el calendario a su favor, la estrategia pasa por estirar las definiciones hasta los primeros meses del año próximo para medir el impacto real de la gestión económica antes de mostrar las cartas definitivas.