Cuando la política deja un escenario manchado y un olor insoportable a corrupción, siempre hace falta alguien dispuesto a limpiar el terreno. En medio de un escándalo de proporciones insospechadas que decantó en el despido masivo del personal civil de la Quinta de Olivos, Javier Milei ha tomado una decisión drástica. El elegido para hacer el trabajo sucio y ordenar la anarquía en la residencia presidencial es el coronel Fernando Tereso, actual segundo jefe de la Casa Militar.
Los sobreprecios y desmanejos
El zafarrancho que hoy sacude los cimientos de la gestión libertaria tiene nombres, apellidos y cifras obscenas. El foco de la infección que el coronel Tereso debe erradicar de raíz comenzó con el desplazamiento de Belén Agudiez, exsubsecretaria de Planificación General de la Nación y, hasta hace muy poco, mano derecha de Karina Milei. Junto a ella cayó su cuñado, Javier Sosa, quien oficiaba como intendente de la Quinta.
La polémica se destapó definitivamente cuando trascendió un gasto superior a los 500 millones de pesos destinados de forma exclusiva a la compra de carne para la residencia. Pero la fetidez del caso no terminó allí. Según las explosivas denuncias impulsadas por la diputada libertaria Marcela Pagano, la trama del “clan Agudiez” incluía licitaciones direccionadas por 700 millones de pesos para tareas de mantenimiento y jardinería —otorgadas a Franco Castelli, a quien señaló como “socio” de la exfuncionaria— y la utilización de un jubilado de un barrio carenciado como testaferro para facturarle al Estado más de 600 millones de pesos.
Las sospechas indican que las instalaciones y la mercadería oficial de Olivos se usaban para abastecer a “Pancitos Caseros”, el servicio de catering privado de los implicados. Esto explica la masiva compra de asado, vacío, bondiola, achuras, quesos y pan árabe con fondos públicos. Frente a este escenario, Analía Agudiez, hermana de Belén y encargada de la cocina, también fue eyectada de su puesto.
El frío familiar y el misterio de los perros
Semejante desmanejo no solo manchó la bandera de la austeridad que pregona el Gobierno, sino que abrió una grieta profunda en la mismísima mesa chica. El estallido del caso Agudiez provocó un cortocircuito inédito entre el Presidente y su hermana Karina, quien, en un gesto de evidente frialdad, decidió no subirse al avión presidencial para acompañar al mandatario en su decimonoveno viaje a Estados Unidos.
En los pasillos de Balcarce 50, se susurra que la furia de Milei no fue provocada únicamente por el desfalco financiero. Una versión inquietante que circula entre el personal despedido asegura que uno de los perros presidenciales se descompuso gravemente, y que incluso hubo un torpe intento de reemplazar a un animal fallecido a espaldas del Presidente. Este episodio habría colmado la paciencia del jefe de Estado, empujándolo a barrer con todo el personal civil.
El fango operativo y el pánico castrense
Para evitar que la situación siga oliendo mal, Milei decidió cortar por lo sano y militarizar la Quinta de Olivos. A partir de ahora, desde el jardinero hasta el cocinero y el peluquero presidencial vestirán uniforme. Y aunque el jefe formal de la Casa Militar es el brigadier Sebastián Ibáñez, en las Fuerzas Armadas saben perfectamente que el hombre designado para meter las manos en este fango operativo es el coronel Tereso.
Ibáñez arrastra sus propias manchas. Pagano lo señaló públicamente como la pareja de Belén Agudiez, recordando además que carga con denuncias por supuesto espionaje a periodistas en la Rosada y una investigación judicial por presuntas coimas del 10% en el mantenimiento de la flota aérea oficial. Con Ibáñez cuestionado, es Tereso —exjefe de prensa del Ejército y exsegundo jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo— quien asume la ingrata misión de desinfectar el área y reemplazar a los civiles.
Sin embargo, el aterrizaje forzoso en Olivos está lejos de ser celebrado en los cuarteles. Entre las filas castrenses, la orden genera un rechazo silencioso pero contundente. “Conociendo el paño, ningún militar quiere perder la carrera porque a Milei se le ocurre comer un churrasco a las 3 de la mañana y le parece que está crudo o cocido”, confiesan altas fuentes militares, advirtiendo que un error doméstico podría arruinar fojas de servicio intachables.
Este pánico ya ha escalado hasta los edecanes presidenciales, la sombra constante del mandatario. A pesar de su juramento de lealtad, los tres oficiales a cargo ya han pedido instrucciones formales a sus respectivas fuerzas sobre cómo actuar. Según alertaron en estricta reserva, han reportado “situaciones extrañas” y están presenciando “escenas que no quieren protagonizar”.
Acorralados entre el deber militar y un clima residencial al borde del colapso, el escenario en la Quinta pende de un hilo. Ahora, toda la responsabilidad recae sobre los hombros del coronel. Una misión crítica donde Tereso deberá demostrar si tiene la capacidad de limpiar a fondo el desastre institucional, o si terminará arrastrado por la misma corriente.