El atril de las Naciones Unidas en Nueva York fue el escenario elegido por Javier Milei para lanzar una de sus críticas más feroces contra el orden internacional establecido. En su discurso ante la Asamblea General, el Presidente argentino no dejó tema sin tocar: definió a la ONU como una organización “inútil” y burocrática, renovó el histórico reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas con una dura advertencia al sector privado, y arremetió contra las políticas globales aplicadas durante la pandemia de COVID-19.
Malvinas: “Una causa nacional” y el freno a las petroleras
El tramo más tenso en términos diplomáticos estuvo dedicado a la disputa soberana en el Atlántico Sur. Milei reclamó que la ONU intervenga de manera urgente frente a las acciones unilaterales del Reino Unido, acusando al organismo de “decidir mirar para otro lado” y ser incapaz de hacer cumplir sus propias resoluciones.
El mandatario hizo especial hincapié en la resolución 31/49 de 1976, que exhorta a ambas naciones a abstenerse de realizar cambios unilaterales en la región. Según denunció, medio siglo después, la ONU no ha impuesto ninguna consecuencia ante los continuos avances británicos. “¿De qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar en sentido contrario?”, interpeló a los representantes globales.
El enojo presidencial apuntó directamente al avance del proyecto petrolero Sea Lion en la cuenca Malvinas Norte. Tras calificar de “ilegales e ilegítimas” las licencias otorgadas por Londres, Milei lanzó un ultimátum al sector energético global: la Argentina busca atraer inversiones millonarias para Vaca Muerta, pero no será indiferente ante las compañías que decidan explotar recursos bajo una “ocupación externa ilegal”.
“Durante demasiado tiempo, los gobiernos argentinos optaron por una defensa discursiva. Nosotros elegimos una defensa pacífica, práctica y efectiva”, advirtió, confirmando que ya se sancionaron a proveedores vinculados a estas explotaciones y rechazando rotundamente la aplicación del principio de libre determinación para los isleños, a quienes definió como una “población implantada”. Pese a la dureza, reiteró el llamado al diálogo bilateral con el Reino Unido.
La ONU: entre la “anarquía y la tiranía”
Más allá de Malvinas, Milei dedicó gran parte de su alocución a desmantelar el andamiaje ideológico de las Naciones Unidas. Describió el funcionamiento del organismo como una peligrosa combinación de “anarquía y tiranía”, argumentando que es completamente incapaz de actuar frente a dictaduras sanguinarias y grupos terroristas, pero extremadamente eficiente para sobre-regular a los Estados democráticos.
El Presidente disparó munición gruesa contra las banderas históricas de la institución: la Agenda 2030, las políticas de género, el ambientalismo y las normativas migratorias. Según su visión, estas iniciativas solo restringen la libertad y la soberanía de las naciones. “El problema es que, cada vez que fracasaron, en lugar de revisar el modelo o pedir disculpas, redoblaron la apuesta”, sentenció, anticipando su rechazo a la futura Agenda 2045.
La pandemia como “genocidio” y la era de la Inteligencia Artificial
El discurso tomó un tono aún más sombrío al repasar la gestión global del COVID-19. Milei acusó a los organismos dependientes de la ONU de promover un “experimento global de control social disfrazado de ciencia”.
Para el mandatario libertario, las cuarentenas estrictas y la paralización económica no fueron errores sanitarios, sino medidas deliberadas basadas en el uso del miedo como mecanismo de dominación estatal. Fue más allá y calificó de “genocidio” a las políticas que limitaron la libertad laboral, educativa e impidieron los rituales de despedida de los fallecidos. En este contexto, ratificó y defendió la reciente decisión del Gobierno argentino de abandonar la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Finalmente, el mandatario alertó sobre el futuro y el pánico que genera la Inteligencia Artificial (IA). Comparó los temores actuales de pérdida masiva de empleos con los pronósticos apocalípticos de la Revolución Industrial, recordando que la innovación tecnológica siempre terminó multiplicando las oportunidades de la humanidad. Fiel a su dogma liberal, Milei exigió que la IA sea tratada como una herramienta de transformación productiva y exigió a la ONU que no la asfixie con las mismas regulaciones excesivas que hoy critica en materia ambiental y económica.