Leandro Barrales es un multi-instrumentista y compositor, nacido y criado en Villa Celina, provincia de Buenos Aires, donde vivió durante los primeros 20 años de su vida. Fue en los monoblocks del barrio donde forjó el gusto artístico y dio los primeros pasos como músico. Hoy, con 52 años de edad, estará presentando su segundo disco con la agrupación Leandro Barrales Sexteto.
El músico cuenta la anécdota de que en el complejo de edificios se vivía un ambiente de gran efervescencia musical. Menciona que de esos monoblocks salieron numerosos músicos profesionales, incluyendo a integrantes de Viejas Locas, Los Villanos y algunos bajistas de bandas de rock pesado.
“En la época del secundario habían dos bandas, la que posteriormente fue Viejas Locas y la nuestra”
En 1995, a sus 20 años, ingresó como guitarrista a Mandrágora, una reconocida banda del circuito under del rock progresivo porteño, donde tocó hasta el año 2000. Valora esta etapa como profundamente formativa porque le enseñó sobre dinámicas de grupo y liderazgo al rodearse de músicos diez años mayores. Además, en una reunión posterior a la disolución de la banda, tuvo la grata experiencia de tocar en Obras.
Las bandas de rock, los bares y los antros de fines de los 80’s y los 90’s, fueron parte de la temprana carrera de Barrales. Pero no sólo fue una adolescencia rockera. El conservatorio superior de música Manuel de Falla fue su segunda casa. Además de una formación entre los más prestigiosos profesores de la ciudad de Buenos Aires, el falla significó la adquisición de aptitudes fundamentales como la disciplina y la responsabilidad.
“Cuando entré en el secundario, al mismo tiempo, entré en el terciario”.
El instrumento principal de Leandro es desde siempre, la guitarra; pero su posterior formación también hizo que adquiera la capacidad para tocar otros. Leandro se recibió en la carrera de composición en la UNA (en su momento, Conservatorio Nacional López Buchardo) y allí aprendió piano y otros instrumentos de percusión. Las teclas funcionan como la trinchera creativa desde donde emprende la difícil tarea de la composición. Desde allí escribe alrededor del 80% de su música, ya que le resulta el instrumento más completo para orquestar. Su método consiste en componer primero la armonía, melodía y rítmica, y luego realizar la orquestación y los arreglos de contrapunto para los demás instrumentos.
En 2019 formó su propio ensamble instrumental con composiciones que llevan su firma. Aunque nació como sexteto, hoy es formalmente un septeto, y dependiendo del bloque del show, la formación varía en vivo desde tres hasta once músicos en el escenario. Sobre la denominación, bromea: “lamento no haber cumplido mi primera intención de llamar a este proyecto, justamente, Leandro Barrales Proyecto”. Sobre las claves que le permiten sostener un ensamble tan grande y rotativo, Barrales comenta que elige rodearse de músicos talentosos pero que también sean sus amigos, dándoles el espacio humano y creativo necesario para desarrollarse con comodidad.
Además de tocar el bajo, en las presentaciones en vivo Barrales pasa gran parte tocando un instrumento de viento. Su último gran amor: El saxofón. Fue en la pandemia donde aprovechó el tiempo para estudiar instrumentos de la familia de las maderas, comprando primero un clarinete y luego el saxo, herramienta que hoy le sirve para presentarse en distintos proyectos y formatos.
“Hubo gente que pasó cosas fuleras y trágicas. En lo personal, en la pandemia no la pasé tan mal porque estuve con mi esposa y mis dos nenas”.
Además de los vientos, el multiinstrumentista aprovechó el tiempo de la cuarentena para explorar nuevos universos artísticos. Nada más ni nada menos que la pintura. De hecho, las tapas de sus discos están pintadas a mano por él.
“Ahí donde no había nada ahora hay algo”, sintetiza sobre lo que le significa el llenar lienzos.
Fue en ese mismo estado de cuarentena, en pleno 2020 cuando lanzó Punto de fuga sur, un álbum que busca un sonido referencial argentino y rioplatense mediante un “diseño mixto”. Este diseño combina instrumentos puramente acústicos (chelo, violín, piano y vibráfono) con elementos eléctricos y analógicos (bajo fretless y el icónico sintetizador Mini Moog). El material debut funcionó como la carta de presentación de aquello que Barrales pretendía enseñar: Un sonido ineludiblemente rioplatense.
Su trabajo actual es un tríptico musical (tres discos) que rinde homenaje a Villa Celina. La obra funciona como un viaje a través de su memoria, donde cada elemento remite a personas, recuerdos y situaciones de su barrio. La musicalidad de Celina 1 muestra a un niño saltando feliz bajo un cielo azul (representando su infancia libre y llena de espacios verdes), mientras que Celina 2 muestra a un toro rojo, simbolizando los peligros del barrio y “la realidad de los amigos que terminaron mal”. Por su parte, Celina 3 está casi listo y vería la luz en 2027.
Con una nueva presentación en vivo, consolidará su madurez como compositor y multiinstrumentista, al mismo tiempo que terminará de cerrar un círculo íntimo con sus raíces. Celina 2 promete ser un viaje sonoro profundo, donde el rigor académico, el espíritu libre del rock under y la nostalgia cruda del barrio se encuentran cara a cara. La cita obligada para adentrarse en este universo musical —donde las maderas, los sintetizadores y los recuerdos cobran vida— será el próximo miércoles 14 de octubre, a las 20:45 horas, en el cálido escenario de Café Berlín.
El sexteto está compuesto por: Ignacio Svachka en vibráfono, Diego Larripa en cello, Mariángeles González Toledo en flauta, Gabriel Pensado en sintetizador, Pedro Villamagna Pagani en piano, Matías Venier en contrabajo y percusión.