La aerolínea Flybondi se presentó en concurso preventivo tras acumular deudas por más de $600.000 millones y paralizar sus vuelos. Pese a la severa crisis contable y la pérdida de flota, la compañía busca reestructurarse para volver a operar.
La aerolínea Flybondi se presentó en concurso preventivo tras acumular deudas por más de $600.000 millones y paralizar sus vuelos. Pese a la severa crisis contable y la pérdida de flota, la compañía busca reestructurarse para volver a operar.

La tormenta perfecta terminó de golpear las finanzas de FB Líneas Aéreas S.A., la razón social detrás de la aerolínea de bajo costo Flybondi. La firma concretó formalmente su pedido de concurso preventivo ante la justicia comercial tras acumular un pasivo escalofriante de $609.589 millones, una cifra que equivale a casi 400 millones de dólares al cambio oficial. La documentación contable que ingresó a los tribunales muestra el mapa completo del colapso: la compañía registra un patrimonio neto negativo por más de 433.000 millones de pesos, contabilizando obligaciones comerciales y laborales que triplican holgadamente el valor de sus bienes operativos actuales.
A pesar de haber frenado el despegue de sus aviones y mantener sus rutas paralizadas, la dirección de la compañía insiste en el expediente en que no se trata de una quiebra definitiva. La aerolínea remarcó ante el juez que conserva una nómina de 826 empleados activos —entre comandantes, personal de rampa, mecánicos y administrativos— junto a los permisos regulatorios, contratos de reserva e infraestructura técnica indispensables para intentar una reorganización que le permita sanear sus cuentas, negociar con los acreedores y encarar un eventual retorno a las pistas.
El desglose del expediente reveals que el declive operativo comenzó mucho antes del desenlace judicial. Durante el transcurso de 2025, mientras el flujo global de pasajeros en el mercado aerocomercial argentino crecía a ritmo sostenido, la empresa experimentó una caída cercana al 10% en su volumen de clientes, absorbiendo un impacto severo en sus ingresos tarifarios. Las complicaciones para costear el mantenimiento de las aeronaves generaron un cuello de botella logístico: de los 14 aviones que integraban la flota a mediados de ese año, la cifra de unidades operativas cayó a menos de seis hacia comienzos de 2026, tocando un piso crítico de apenas dos aeronaves en condiciones de volar durante el último invierno.
Esta parálisis operativa desencadenó un círculo vicioso imprevisible del que la compañía no logró salir. Al contar con menos aeronaves habilitadas, la firma tuvo que cancelar cientos de vuelos programados, lo que derrumbó abruptamente la venta de pasajes e impidió generar la caja diaria para hacer frente a los costos fijos de mantenimiento en dólares. Entre el inicio del año y mediados de 2026, la frecuencia de vuelos de la aerolínea sufrió un desplome superior al 95%, dinamitando cualquier intento de regularizar la situación mediante parches financieros o aportes de capital privados.
La falta de liquidez terminó salpicando todos los rincones de la operación cotidiana de la aerolínea. En los registros judiciales figuran compromisos laborales impagos que superan los 21.000 millones de pesos en salarios, sumados a más de 32.000 millones acumulados en concepto de aportes patronales y cargas sociales. La crisis alcanzó además a los proveedores estratégicos de insumos indispensables para el negocio aeronáutico, multiplicando los reclamos judiciales y los pedidos de intimación contra la empresa.
Entre las deudas comerciales más sensibles acumuladas en el expediente se destacan las cartas de pago reclamadas por YPF por casi 900.000 dólares, donde la petrolera estatal advirtió sobre la exigencia de cobro anticipado para despachar kerosene de aviación. A esto se le suma la morosidad con la firma Escala 24×7 por servicios de tecnología, derivando en la interrupción de accesos clave alojados en servidores en la nube, además de múltiples deudas con prestadores aeroportuarios como Swissport, New Air y la Policía de Seguridad Aeroportuaria, junto a empresas de transporte de caudales y colectivos.
Frente a este escenario de ahogo financiero, el concurso preventivo aparece como la última herramienta legal que le queda a la low cost para frenar las ejecuciones individuales de sus acreedores. Mientras los números muestran a una empresa profundamente golpeada por las deudas y con la operatoria completamente frenada, la conducción de la compañía apuesta todas sus fichas a lograr un acuerdo de reestructuración que evite la liquidación total de la sociedad y proteja los puestos de trabajo.
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