A dos décadas de la ley, la ESI permitió que miles de chicos contaran abusos y redujo el embarazo adolescente. Hoy el Estado destina 2,67 pesos por estudiante. Dos especialistas explican qué está en juego.
A dos décadas de la ley, la ESI permitió que miles de chicos contaran abusos y redujo el embarazo adolescente. Hoy el Estado destina 2,67 pesos por estudiante. Dos especialistas explican qué está en juego.

Una nena de Rosario de la Frontera, en Salta, que en plena clase contó que su abuelo abusaba de ella.
Nueve alumnas de una escuela de General Roca, que entendieron lo que les hacía su maestro cuando una docente les habló de las partes íntimas.
Ocho estudiantes de Desaguadero, en Mendoza, que se pasaban papelitos en secreto hasta que una clase rompió el silencio y el docente terminó condenado. Las tres historias tienen algo en común: salieron a la luz después de una clase de Educación Sexual Integral (ESI).
Hoy, la Ley 26.150 cumple 20 años. Llega al aniversario formalmente vigente, pero con un presupuesto que, en palabras de Rocío Ulloa, coordinadora del Área de Expansión Comunitaria de FUSA, no alcanza “ni para medio caramelo”. FUSA, fundada en 1989 en el Hospital Argerich, forma cada año a más de 20 mil jóvenes en escuelas, clubes y espacios comunitarios. Para la docente Celeste Mac Dougall, especialista en ESI y Educación Inclusiva, el diagnóstico es claro: que Javier Milei no haya avanzado contra la ley tiene una explicación: “por algo no lo hizo”. “Tiene que ver justamente con la forma en la que se desarrolló la conciencia”, sostiene. El Gobierno “busca otras formas de atacarla, que es el desfinanciamiento”.
Los casos de las tres provincias no son excepcionales. Según un relevamiento de 2020 del Ministerio Público Tutelar porteño, el 80% de los chicos y chicas que denunciaron abuso sexual lo hicieron después de una clase de ESI. Ulloa subraya que el dato se concentra en la franja de 12 a 14 años: “La ESI muchas veces pone en palabras ese abuso que no lo había entendido esa persona”.
En FUSA les pasó en talleres y también fuera del aula, en festivales y jornadas barriales. A veces el relato aparece en una frase al pasar: “Yo no quiero compartir este espacio con mi tío”. Mac Dougall asegura que en la escuela “está todo protocolizado” y que no depende “de la buena voluntad del docente”.
Según un análisis del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) y la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) sobre el Presupuesto 2026, la ESI tiene asignados 30 millones de pesos, apenas el 2% de lo ejecutado en 2023. “Lo que daría 700 pesos por escuela. Lo que si lo desglosamos un poco más daría 2,67 pesos por estudiante en este país”, calcula Ulloa.
El mismo informe muestra el desplome en las aulas: en 2024, los docentes capacitados pasaron de 65.000 a 900 y las provincias asistidas, de 24 a 6. Para 2025 no se planificó capacitar a ningún docente ni asistir a ninguna provincia, y en 2026 esas metas directamente desaparecieron del presupuesto. Las organizaciones difunden cursos, pero Ulloa marca un límite: al docente “no le podemos pedir más por sobre eso si no hay una política institucional, si no hay un abordaje institucional con compromiso”.
Ulloa lo ve en el territorio. A FUSA la convocan escuelas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y de la provincia de Buenos Aires para reforzar con talleres, pero “eso no ocurre de la misma forma en Jujuy, en Río Negro, en Córdoba”. Mac Dougall aporta el contrapunto porteño: desde 2010, todos los profesorados de la Ciudad incluyen ESI en la formación docente. “Entonces, ahí ya no hay excusas”, dice, aunque reconoce que el desafío se renueva: “El público se renueva, entonces todo el tiempo tenés que estar formando a los docentes”.
El ajuste también alcanza a una de las políticas con resultados más visibles. Ulloa cita un dato del Ministerio de Salud: la natalidad adolescente cayó un 60% entre 2005 y 2024. “Y eso no baja de casualidad, baja por hablar sin tabú y sin prejuicios sobre métodos anticonceptivos”, sostiene. Mac Dougall coincide: “Bajó muchísimo la cantidad de adolescentes embarazadas, lo cual hace a que sus vidas sean mejores, básicamente”.
Sin embargo, según ELA y ACIJ, el Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia (ENIA) quedó prácticamente sin financiamiento: en 2026 se ejecutaría menos del 3% de lo invertido en 2023. Los asesoramientos a adolescentes en salud integral pasaron de 58.212 en 2023 a 5.102 en 2024, y en el presupuesto de este año ya no figuran como meta.
La vicejefa de Gobierno porteña, Clara Muzzio, definió a la ESI como una “trampa mortal”. Para Mac Dougall, la reacción no sorprende: “Es, fue y será una disputa política la ESI. No es solamente un derecho y un contenido”. Y explica por qué incomoda: “La ESI viene a manifestar que vivimos en una sociedad nefasta y a transformarla, y no muchos quieren transformar esta sociedad porque es cuestionar sus privilegios”.
Ulloa responde desde otro lugar. Recuerda que la ESI tiene cinco ejes, desde cuidar el cuerpo hasta valorar la afectividad, y pregunta: “¿Cómo va a ser una política mala si habilita que circule esa palabra?”. Agrega que es una de las políticas públicas con más evidencia.
Mac Dougall recuerda que muchas de estas conquistas vinieron desde abajo: las jornadas anuales de ESI en las escuelas porteñas surgieron de las tomas de más de 30 secundarios después del primer Ni Una Menos. “Fueron gracias a que los pibes y las pibas que se movilizaron”, dice.
Las dos coinciden en que la ESI tiene deudas, aunque ponen el foco en lugares distintos. Mac Dougall apunta al artículo 5 de la ley, que permite adaptar los contenidos al ideario de cada institución y habilita que muchas escuelas confesionales no den ESI: “Es una deuda de quienes sancionaron la ley porque ahí fue el acuerdo que hicieron con la Iglesia Católica en su momento para que la ley salga”.
Mac Dougall también suma una autocrítica. Esperaba una reacción frente al avance del feminismo, con el Ni Una Menos y la legalización del aborto, “porque es imposible que así no sea”. Lo que no anticipó fue de dónde vendría: “Lo que nunca me imaginé es que esa reacción iba a venir de sectores de pibes jóvenes”. Los vincula con el electorado de Javier Milei y con el fenómeno global de los incels (“célibes involuntarios”), comunidades online de varones que culpan a las mujeres y al feminismo de su frustración afectiva y sexual.
Mac Dougall rechaza la lectura de que el feminismo “se pasó dos pueblos”, pero reconoce una falla propia: “La ESI tiene una deuda con los varones jóvenes”. Según explica, el abordaje partía de presumir que iban a reproducir conductas machistas, “alojándolo desde el lugar de victimarios a pibes de 11, 12, 13, 14, 15 años”. Su propuesta es construir “una ESI que sea también inclusiva de las masculinidades”.
Para Celeste Mac Dougall , otra gran alarma que señala como prioridad es el aumento de los suicidios adolescentes, un fenómeno multicausal atravesado por temas que trabaja la ESI. “Para mí la coyuntura es lo que le está pasando a los pibes”, dice. Ulloa coincide en que la salud mental es uno de los temas más pedidos. Desde FUSA trabajan esa misma preocupación: en 2023, el 65,7% de las muertes por suicidio entre adolescentes de 15 a 19 años en la Argentina correspondió a varones, según la Defensoría de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes. Por eso impulsan el programa Equipar, que ya dio 62 talleres a 900 adolescentes en clubes como Boca Juniors, San Lorenzo y Racing.
Para Ulloa, la deuda es “incorporar más voces de infancias y de adolescencias”. Muchas veces los adultos eligen el tema del taller sin preguntar. Hace tres semanas, en el buzón anónimo de una escuela, alguien preguntó si era cierto el Blue Waffle, una fake news que circula en redes sobre una supuesta infección que pone azules los genitales. “No existe ninguna ITS que te ponga los genitales azules”, aclara, mientras las infecciones de transmisión sexual (ITS) reales, como la sífilis, marcan récords.
“La ESI es preventiva”, insiste, “no para cuando los problemas explotan”.
Con esa idea, FUSA lanzó Generación ESI para conmemorar el aniversario: capacita a integrantes de centros de estudiantes secundarios como promotores de ESI, en tres jornadas sobre marcos legales, salud sexual y (no) reproductiva, prevención de ITS y salud mental. El objetivo es llegar a 20 organizaciones estudiantiles, una por cada año de la ley.
FUSA trabaja en Buenos Aires, Santa Fe, Misiones y Jujuy, pero no llega a Neuquén, a Chaco ni a Ushuaia.
“El Estado es el único que puede transversalizar de La Quiaca a Ushuaia todo el país”, dice Ulloa. “Las organizaciones de la sociedad civil nunca van a poder reemplazar eso. Pueden abordar, sí, pero no pueden reemplazarlo”.
Mac Dougall coincide, pero suma una advertencia: la decisión política del Estado es necesaria, aunque no alcanza. “También necesitás todo el tiempo la presión desde abajo”, dice. “Y no solamente la lucha de los pibes, sino presión de abajo de cada docente en cada escuela dando los contenidos que tiene que dar”.
La ESI nació de una disputa y llega a sus 20 años en otra. La diferencia es que ahora tiene dos décadas de resultados para mostrar. Teniendo en cuenta todos los gobiernos que sobrevivió, la ESI hoy es sostenida desde el fondo de un latir militante que son docentes, organizaciones y pibes que no la van a soltar.
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