La lista de jugadores, árbitros, dirigentes e hinchas a los que un Superclásico les cambió la vida para siempre es tan larga como evidente. El partido que se jugará el domingo 1 de noviembre en la Bombonera tiene particularidades que lo hacen tan atractivo como cualquiera de los 391 que se disputaron históricamente. Cuando el domingo sean las cinco de la tarde, algunas historias cambiarán para siempre.
Para los que salen a jugar, hay nombres propios que merecen atención especial. En River Plate, Nicolás Otamendi, Ángel Correa, Tobías Andrada y Thiago Almada vivirán su primera experiencia en un Superclásico. Será el tatuaje iniciático que marcará su futuro en el club. En el caso de Otamendi, capitán y reconocido fanático de River, el encuentro lo llevará de regreso a los sueños de su infancia. Para Andrada también será especial por el vínculo familiar histórico de su padre con la tribuna millonaria.
Del lado de Boca Juniors, también hay protagonistas debutantes. Chicos que explotaron en Primera durante este tiempo, como Jagger Herrera, el delantero Leonel Flores y el lateral Lozano, tendrán su oportunidad histórica. Ni hablar de Enner Valencia, o del papel que jugará Leandro Paredes, la gran figura xeneize que viene de un desgarro y sumó minutos clave recientemente.
En los bancos de suplentes, hay una historia compartida en el centro de la escena. Leonardo Ponzio y el Vasco Arruabarrena se reencuentran tras el polémico episodio del gas pimienta del 24 de mayo de 2015 por la Copa Libertadores. Para el actual técnico de River, es una tesis para recibirse de entrenador; para el de Boca, una oportunidad de alejar los fantasmas de aquellas eliminaciones directas.
Para los presidentes, Stefano Di Carlo y Juan Román Riquelme, tampoco será una tarde más. El mandatario de River se juega mucho tras perder sus dos primeros Superclásicos en el cargo y sufrir la salida de dos entrenadores. En la vereda de enfrente, Riquelme llega con un Boca competitivo peleando en los tres frentes, lo que le otorga a este partido una trascendencia especial para consolidar su gestión frente a la falta de títulos internacionales recientes.
Se viene otra semana distinta para el fútbol argentino. Un Superclásico en el que se juega mucho más que lo que sucede cuando rueda la pelota, poniendo bajo la lupa extrema al árbitro y a los integrantes del VAR. El domingo habrá un ganador, un perdedor y un resultado para los registros, pero lo que ese partido provoque en cada protagonista será irrepetible.