“Hubo una ruptura en la cultura del trabajo”, admitió. “La gente veía que quienes trabajaban ocho horas, aguantaban a los jefes y viajaban mucho ganaban lo mismo o menos que vecinos que recibían planes sociales”.
El desafío del progresismo, según ella, no es solo volver al poder, sino entender el enojo que llevó a los votantes hacia líderes que prometen romper el sistema, y ofrecer propuestas creíbles. “¿Es posible gobernar racionalmente una sociedad en la que el 50% piensa que el otro 50% tiene que desaparecer?”, se preguntó.
Trump, Milei y Lula
Cristina pronosticó una derrota de Donald Trump en las elecciones legislativas de Estados Unidos, que se votan este martes. “Paradójicamente, el hombre que hizo todo para ayudar a los gobiernos de derecha a ganar en América Latina va a perder las elecciones en su propio país”, dijo.
Sobre la Argentina, sostuvo que muchos argentinos están frustrados porque “su vida no mejoró, la plata no les alcanza a fin de mes” y ven un gobierno que, según ella, “no solo no hace nada por los pobres, sino que los ataca”.
También recordó la visita de Lula, que la fue a ver el año pasado. “Me dijo: ‘Hacé ejercicio y no te deprimas’”, contó. “Pero no tengo derecho a deprimirme ni a atormentarme frente al sufrimiento de otros”.
La rutina en San José 1111
La nota describe la vida de la expresidenta en su departamento. Hace ejercicio cuatro o cinco veces por semana, estudia inglés y chino “para que las neuronas no envejezcan” y pasa las tardes leyendo y siguiendo la política internacional por televisión.
Puede recibir cuatro horas de visitas por semana, repartidas en dos días, con un máximo de tres personas. Usa celular, pero teme que sus comunicaciones estén monitoreadas. Lo más difícil, contó, es no poder compartir sus ideas con amigos y aliados.
Durante la entrevista, Cristina salió al balcón a saludar a manifestantes que volvían de una marcha por la educación y que la recibieron al grito de “¡Cristina presidenta!”.