Adrián Lakerman: “La ironía es el combustible que empata a todos los argentinos”

A los 42 años, el reconocido guionista y estudioso de la comedia desentraña el complejo ADN de la risa nacional. En esta entrevista exclusiva, repasa su recorrido personal en la industria, reflexiona sobre la tiranía de los memes frente al humor gráfico, define a la comedia como un “analgésico” vital y explica por qué la …

Entender de qué nos reímos es la forma más exacta de comprender quiénes somos. En tiempos donde el entretenimiento parece fragmentarse infinitamente a través de las pantallas que llevamos en los bolsillos, detenerse a analizar la anatomía del humor se vuelve una tarea fundamental. Adrián Lakerman, guionista, creador y analista de la comedia de 42 años, nacido y criado en la Ciudad de Buenos Aires, dedica gran parte de su tiempo a diseccionar este fenómeno.

En una charla profunda, el autor del libro “Cómo pisar una cáscara de banana: Un recorrido por los mecanismos del humor” desmenuza cómo el humor actúa como termómetro de los cambios sociales, por qué los argentinos somos incomprendidos en el exterior y de qué manera la crisis económica moldea lo que vemos en el teatro y la televisión abierta.

La historia particular de un investigador de la risa

Para Lakerman, la comedia hace tiempo que dejó de ser un simple pasatiempo para convertirse en un objeto de estudio casi obsesivo. Su aproximación al humor trasciende la mera búsqueda de la risa; se trata de una disciplina que aborda desde múltiples aristas culturales. A sus 42 años, su rutina incluye consumir y analizar ensayos, novelas, obras de teatro, películas y series, buscando siempre el hilo conductor que hace funcionar a un chiste. Además, conduce ‘Comedia’, un podcast de entrevistas (a humoristas) 

Al ser consultado sobre el significado estructural que tiene esta disciplina en su vida diaria, el guionista no duda en marcar una doble dimensión. Primero, la intelectual, y luego, la existencial.

“Al principio es como una suerte de objeto de trabajo, objeto de investigación. Y después ya más en lo personal es como una parte de mi forma de vivir”.

Sin embargo, su inmersión en la comedia le ha permitido llegar a una conclusión mucho más terrenal y despojada de academicismos. Para el investigador porteño, más allá de los guiones y las estructuras narrativas, la esencia de la risa se reduce a una cuestión puramente emocional, definiendo al humor directamente como “un estado de ánimo”. Esta perspectiva lo lleva a entender la comedia no solo como un género artístico, sino como una herramienta vital de supervivencia y comunicación interpersonal.

Su visión sobre el humor y el ADN del humor argentino

Una pregunta recurrente y compleja en el ámbito cultural es sobre la identidad de ‘lo nacional’; especificando en este tema, la cuestión pasa si verdaderamente existe un “humor nacional” que nos agrupe bajo una misma forma. Frente a este interrogante, Lakerman adopta una postura cautelosa y desmitificadora. Para él, es un error pretender homogeneizar la comedia de un país tan vasto, ya que la risa está íntimamente ligada al entorno inmediato del individuo.

“Creo que el humor argentino es más bien regional, como uno termina contando los chistes de su aldea, de las cosas que conoce”.

 

El actor explica que el humor funciona por proximidad y reconocimiento. Es natural que los habitantes de Buenos Aires, Córdoba, Santiago del Estero o la Patagonia tengan códigos diametralmente opuestos. Como ejemplo, destaca que incluso chistes clásicos y universalizados en el país, como los de gallegos, tienen un fuerte anclaje en el ecosistema cordobés.

No obstante, Lakerman sí reconoce que existe un denominador común que logra cruzar todas las fronteras provinciales para unirnos: la ironía. Según su visión, este recurso retórico es el verdadero pegamento de la identidad cómica argentina.

“La ironía es como una especie de combustible, de una cosa que empata a todos los argentinos”.

Este rasgo cultural es tan profundo que lo utilizamos de manera natural en nuestra vida diaria, sin necesidad de acentuar las palabras para que el otro entienda que estamos afirmando exactamente lo contrario. Esta naturalidad, señala Lakerman, es la que suele generar fuertes confusiones cuando los humoristas argentinos se presentan en otros países o en Europa, donde el público tiende a ser mucho más literal y se desconcierta ante nuestro sarcasmo innato. Citando a un colega, Lakerman regaló una de las grandes definiciones de la jornada: “La ironía es el humor de los cobardes”.

Declaraciones filosóficas: el analgésico social, los memes y el fuego de la TV

En su análisis de la evolución del entretenimiento, Lakerman esboza una mirada casi sociológica sobre cómo hemos mutado como espectadores. El cambio más drástico de las últimas décadas no radica en cómo se fabrica el humor, sino en cómo se consume y se distribuye.

“Antes nos sentábamos alrededor del fuego de la televisión, y ahora cada uno tiene su pequeño fuego en el bolsillo del pantalón”.

Esta hipersegmentación impulsada por las redes sociales y las plataformas de streaming provocó que las nuevas generaciones dejen de compartir referencias masivas. Antes, el público consumía a capocómicos como Alberto Olmedo casi por obligación o costumbre familiar; luego pasó a ser políticamente incorrecto y hoy, el consumo es a la carta. Esta fragmentación también alteró el ecosistema de la risa gráfica, que según Lakerman quedó recluida a un nicho muy pequeño. Al recordar una charla con la icónica dibujante Maitena, el guionista reveló una sentencia lapidaria sobre su profesión: “Los humoristas gráficos ya no necesitamos hacer más chistes, los chistes están en los memes”.

Por otro lado, el actor también reflexionó sobre el rol terapéutico que cumple el consumo de comedia en la vida moderna. Al observar los consumos teatrales y el éxito de ciertas obras comerciales, definió esta búsqueda de la risa como un acto de sanación necesario frente a la dureza del día a día.

“Es como una especie de necesidad analgésica de la vida. Voy, necesito mi cuota de humor y me río”.

Finalmente, a pesar del apogeo de las plataformas digitales y el mundo del streaming, el guionista fue tajante al rechazar la repetida premisa de que la televisión abierta está muerta. Para Lakerman, la TV es “irrebatible” y sigue congregando audiencias masivas en todo el país. La crítica del guionista es desde una base con conocimiento de causa, ya que acaba de explotar exitosamente una serie de Netflix donde él es protagonista: Envidiosa. 

Adrián Lakerman y Charo López, protagonistas de la obra "LOPERMAN"
Adrián Lakerman y Charo López, protagonistas de la obra "LOPERMAN"

El problema actual de la televisión, asegura, no es una falta de interés del público, sino una profunda crisis económica. La falta de dinero impide que los productores asuman los riesgos necesarios para financiar grandes proyectos de ficción. A esta coyuntura financiera se suma el miedo constante a la cancelación por los rápidos cambios sociopolíticos en los límites del humor. Ante la incertidumbre, tanto el teatro como la pantalla chica apuestan por la previsibilidad y por fórmulas ya probadas. Sin embargo, fiel a su optimismo analítico, Lakerman concluye que es solo una cuestión de tiempo y que, tarde o temprano, la ficción televisiva volverá a repuntar y a reunirnos alrededor de su fuego.

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