El clima distendido que suele reinar en la mesa de Mirtha Legrand se quebró cuando Adriana Salgueiro, visiblemente conmocionada, relató el drama personal que atraviesa desde hace unos días.
Lo que comenzó como un hostigamiento virtual se transformó en un peligro real que obligó a la intervención de la Justicia y a la asignación de custodia policial.
“En realidad, yo tuve una amenaza de muerte”, confesó la actriz, silenciando al resto de los invitados. Según su relato, el calvario se inició durante un “vivo” en redes sociales.
Entre los comentarios de sus seguidores, comenzaron a aparecer mensajes inquietantes: “Cuidate, Adrianita, cerrá bien la puerta de tu casa, algo muy malo puede pasarte”.
La situación dejó de ser una simple agresión anónima cuando los acosadores publicaron una dirección exacta. Afortunadamente, se trataba de un domicilio donde Salgueiro no reside desde hace un año, un dato que los delincuentes desconocían.
De la red a la realidad
El miedo se materializó cuando las cámaras de seguridad de ese edificio registraron la presencia de dos personas durante la madrugada. “Fueron a las tres de la mañana y se quedaron hasta las cinco”, detalló Salgueiro con angustia.
Las imágenes muestran a individuos utilizando gorras para ocultar sus rostros y forzando las puertas con una ganzúa. “Yo todo esto lo tengo grabado”, aseguró, confirmando que las pruebas ya están en manos de su abogado, Pablo Gómez de Olivera.
Ante la gravedad de los hechos, la Justicia actuó con celeridad. La actriz confirmó que ya se le asignó un botón antipánico y que cuenta con un seguimiento policial permanente. “Se comunicaron conmigo para saber cómo estoy y cómo están las cosas todos los días”, explicó.
Una sospechosa identificada
A pesar del miedo, la investigación avanza. Salgueiro reveló que la autora intelectual de las amenazas ya estaría individualizada: “Es una mujer. Está con nombre, con apellido, sabemos dónde vive y su documento”.
Sin embargo, los tiempos procesales y el shock emocional mantienen a la actriz en un estado de alerta constante. “Perdón por mis nervios, es un momento que no pensé estar pasando tan mal”, se disculpó al aire, dejando en evidencia la vulnerabilidad a la que pueden quedar expuestas las figuras públicas cuando la violencia traspasa la pantalla.