La Casa Rosada se transformó este lunes en un escenario de fervor religioso y estrategia política. En el Salón Héroes de Malvinas, el presidente Javier Milei encabezó un encuentro con representantes de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA), donde un coro interpretó villancicos navideños en una ceremonia que culminó en un momento de oración compartida. El gesto, aunque enmarcado en el espíritu de las fiestas, no es un hecho aislado: representa la consolidación de un nuevo eje de poder espiritual en el corazón del Gobierno.
La escena fue breve pero contundente. Junto a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el portavoz Manuel Adorni, el mandatario participó de un “miniconcierto” que rápidamente derivó en una bendición colectiva. Se oró por la paz, la producción, el trabajo y, muy especialmente, por la sabiduría de las autoridades nacionales. Para los analistas, esta sintonía no es solo espiritual, sino que responde a una comunión ideológica basada en la defensa de los valores tradicionales y un marcado perfil “anti-woke”.
Sin embargo, el eco de estos cánticos resuena con fuerza en los pasillos de la Conferencia Episcopal Argentina. La Iglesia Católica, que espera desde hace casi un año una audiencia formal con el Presidente, observa con cautela cómo los sectores evangélicos logran una proximidad inédita con el Ejecutivo. Mientras la cúpula eclesiástica tradicional debió limitarse a enviar saludos navideños por carta, los pastores han encontrado en la Rosada un altar de puertas abiertas.
Este acercamiento ocurre en un momento particular para el movimiento evangélico local. La reciente irrupción mediática de figuras como el pastor Dante Gebel, quien no descarta aspiraciones presidenciales para 2027, añade una capa de complejidad al panorama. El Gobierno parece cómodo validando a estos interlocutores religiosos, quienes no solo aportan una base social extendida en los sectores más vulnerables, sino que comparten la gramática cultural de la actual administración.
La transparencia en los datos indica que este es el segundo gran hito religioso en pocas semanas, tras la jornada de oración realizada por el Día de las Iglesias Evangélicas. Milei, que se ha mostrado como el presidente más distante de la jerarquía católica desde el retorno de la democracia, parece haber encontrado en el evangelismo conservador un aliado que ofrece algo más que consuelo espiritual: un blindaje moral ante tiempos de ajuste y conflictividad social. El balance del año deja una foto clara: el Presidente elige rezar con quienes comparten su visión del mundo, mientras la Iglesia de Francisco sigue esperando su turno en el teléfono.