La AFA de Tapia, el River de Gallardo y el Boca de Román y un año clave

El calendario 2026 tendrá una temporada decisiva para el triángulo principal del fútbol argentino que lo componen River, Boca y la AFA. En los tres lados de esta figura hay nombres muy pesados y que también ponen en juego cartas pesadas de cara al futuro más próximo.

Leonardo Peluso – periodista

El calendario, que siempre es previsible e inevitable, esta vez puede ser un lugar intenso y de contexto imprevisible para los tres actores protagónicos del fútbol argentino: Juan Román Riquelme, Marcelo Gallardo y Claudio “Chiqui” Tapia. A los tres, y a Boca, River y la AFA, los teje el mismo hilo conductor: el de las decisiones y los resultados deportivos. Por razones diferentes y apurados por circunstancias también distintas, a todos el año que viene los tendrá en vilo.

Para la AFA y en especial para Claudio Tapia, el Mundial de los Estados Unidos —como fin de la era Messi— funciona por un lado como bandera y por otro como presión. Porque luego de ser campeón del mundo, las obligaciones crecieron y, en medio de todo, está toda la presión mediática y las peleas políticas. Hay una reconfiguración del tema que incluye derechos televisivos, denuncias, SAD, Patricia Bullrich, Milei, Verón, Toviggino, autos importados y haras de caballos.

Este asunto es central y va a seguir hasta el Mundial, porque es demasiado grande el cruce de poderes e intereses y nadie tiene agua bendita en la vejiga. No solo se están peleando por el tema de la corrupción, por el de las SAD o por cuestiones ideológicas: el poder es todo eso y mucho más. Tapia y la Selección Nacional van a estar envueltas en todo este despelote, y en 2026 mucho de esa disputa se va a resolver.

Para River, en tanto, el tema es meramente deportivo, pero va a tener repercusiones fuertes. Gallardo y su nuevo proyecto, con un año de contrato, va a tener por primera vez una fecha de vencimiento si las cosas no funcionan. No porque el club lo quiera, sino porque el mismo Gallardo se dio ese plazo de buscar un título luego de un año y medio desde su regreso, donde nada salió como lo esperaban.

Además, River tiene un nuevo presidente, Stefano Di Carlo, una promesa dirigencial que está muy por encima de la media con solo 36 años y que, en el mundo del poder y la política, lo ven con una proyección altísima. Por eso, para el propio nuevo presidente, este 2026 es casi tan clave como lo que está viviendo Gallardo mientras hace la pretemporada y prepara el equipo para lo que viene.

Para cerrar, el otro lado del triángulo lo tiene Riquelme, que hace dos años que no gana nada y que viene de un tiempo muy duro por quedarse afuera de la última Libertadores y estar dos años sin esa competencia siendo él presidente. Ahora se metió en la Copa y, para colmo, eliminando a River. Pero perdió con Racing la semifinal y se volvió a quedar afuera de poder dar una vuelta olímpica.

Por eso, volver a la Libertadores en 2026 va a ser el gran desafío y, a la vez, la prueba de fuego para Riquelme, que si quiere ser reelecto dentro de dos años no le queda mucho tiempo para poder lograrlo a fuerza de los títulos que lo llevaron a él mismo a la categoría de ídolo. Para Boca también es un año clave, intentando salir de estos años de problemas y, sobre todo, ausencia de alegrías.

El fútbol argentino entrará en 2026 con una certeza incómoda: ya no alcanza con ocupar el lugar, hay que justificarlo. Tapia en el poder, Gallardo en el banco y Riquelme en la presidencia enfrentarán el mismo examen, aunque con preguntas distintas. Y como casi siempre, no lo corregirán los discursos ni las internas, sino los resultados. Porque en este juego, el tiempo pasa, la paciencia se agota y la historia no espera a nadie.

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