Los gobernadores del PRO emergen como figuras clave para la renovación del partido

El PRO inicia una etapa de transición liderada por los gobernadores Frigerio, Torres y Jorge Macri ante el repliegue de su fundador. El trío busca preservar la territorialidad y redefinir el rol nacional del partido frente al avance de los libertarios.

Ignacio Torres, Foto NA

El futuro del PRO atraviesa un momento de definiciones profundas donde la vieja guardia comienza a ceder protagonismo ante el empuje de sus referentes territoriales. Diversas voces dentro del espacio amarillo coinciden en que, ante un eventual repliegue de Mauricio Macri, la responsabilidad de conducir la transición recae de forma natural en quienes hoy ostentan el poder ejecutivo en sus distritos: Jorge Macri, Rogelio Frigerio e Ignacio Torres. Este triunvirato de gobernantes representa la reserva de gobernabilidad del partido en un escenario donde la competencia con La Libertad Avanza ha desdibujado las fronteras del electorado de centroderecha, obligando a reconfigurar la estrategia para no quedar reducidos a una fuerza testimonial.

En la Ciudad de Buenos Aires, el jefe de Gobierno ya diseña una hoja de ruta centrada en la finalización de grandes obras de infraestructura para consolidar su perfil de gestión de cara a una posible reelección en 2027. La apuesta porteña incluye desde la modernización de la red de subtes hasta la mejora de accesos viales, en una carrera donde la popularidad de la administración nacional y la figura de Patricia Bullrich juegan un papel determinante. Por su parte, el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, mantiene una postura de autonomía coherente, priorizando la defensa de los intereses patagónicos y promoviendo frentes transversales que superen la lógica binaria de la política actual, incluso en medio de la emergencia por los incendios forestales que hoy azotan su provincia.

La situación en Entre Ríos muestra un matiz diferente bajo la conducción de Rogelio Frigerio, quien ha optado por un alineamiento más estrecho con la Casa Rosada, integrando listas comunes con los libertarios y facilitando el avance de reformas clave. Sin embargo, este pragmatismo enfrenta resistencias internas, especialmente por parte de legisladores que alertan sobre el impacto negativo que ciertos cambios normativos, como la reforma laboral, podrían tener sobre los fondos de coparticipación provincial. Mientras el ministro del Interior, Diego Santilli, recorre el país para amalgamar estas voluntades, Frigerio equilibra su lealtad partidaria con la urgencia de sostener las cuentas de su administración.

Este proceso de recambio generacional plantea un interrogante sobre los plazos de recuperación del PRO. Mientras algunos dirigentes sugieren que el partido debe enfocarse en una reconstrucción sólida con la mirada puesta en la década próxima, otros consideran que el 2026 será el año decisivo para determinar si el espacio puede volver a presentar una candidatura presidencial propia o si se diluirá en una coalición más amplia liderada por el oficialismo. Lo que parece indiscutible es que el eje de gravedad se ha desplazado desde las oficinas de los fundadores hacia los despachos de los gobernadores, quienes hoy sostienen el capital político más tangible de la fuerza.

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