Venezuela autorizó a EE. UU. a reanudar los vuelos de deportación de migrantes, pese a las amenazas de cerrar el espacio aéreo. El pacto, que incluye dos vuelos semanales, sugiere un canal de negociación en medio de la escalada militar en el Caribe.
Venezuela autorizó a EE. UU. a reanudar los vuelos de deportación de migrantes, pese a las amenazas de cerrar el espacio aéreo. El pacto, que incluye dos vuelos semanales, sugiere un canal de negociación en medio de la escalada militar en el Caribe.

La confrontación entre Washington y Caracas ha adquirido un matiz paradójico. Pese a las amenazas de Donald Trump de cerrar el espacio aéreo venezolano y la reciente escalada militar en el Caribe, el gobierno de Nicolás Maduro ha pactado la reanudación de los vuelos de deportación de migrantes venezolanos.
El Ministerio de Transporte de Venezuela informó este martes, a través de un comunicado, que Estados Unidos solicitó la autorización para que la aerolínea Eastern Airlines continúe operando la ruta Phoenix-Maiquetía. “Por instrucciones del presidente Nicolás Maduro se autoriza el ingreso a nuestro espacio aéreo de las aeronaves de la empresa Eastern Airlines”, reza el comunicado.
La medida, que permite a EE. UU. expulsar a migrantes venezolanos en vuelos directos a Caracas, implica que los dos vuelos semanales (miércoles y viernes) con cerca de 200 migrantes cada uno continuarán operando. Estos vuelos forman parte de los acuerdos logrados por el enviado de Trump, Richard Grenell, a cambio de la excarcelación de ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela.
La cifra: un total de 75 vuelos con más de 13.000 venezolanos se han concretado este año, un proceso que Maduro enmarca dentro del Plan Vuelta a la Patria para “reunir a la familia venezolana”.
Contradicción aérea: la decisión de autorizar los vuelos de deportación genera aún más confusión en medio de las hostilidades. La semana pasada, la Administración Federal de Aviación (FAA) de EE. UU. emitió una alerta de peligro por la creciente actividad militar en la zona, lo que llevó a seis aerolíneas comerciales de Europa y América Latina (como Iberia, TAP y Avianca) a suspender sus rutas hacia Venezuela.
La reanudación de los vuelos de deportación sugiere que, pese a las amenazas públicas y los desencuentros entre los mandatarios, existe un canal de comunicación en medio de la crisis. El presidente Donald Trump había reiterado en un mensaje en su red social que el espacio aéreo de Venezuela estaba “totalmente cerrado”, mientras que el régimen de Maduro había suspendido temporalmente las licencias de vuelo a las aerolíneas que se sumaron a las “acciones de terrorismo de Estado” de Washington.
La Agencia Española de Seguridad Aérea impuso una restricción hasta el 31 de diciembre, lo que ha provocado la cancelación de unos 36 vuelos semanales en temporada alta. El gesto de autorizar los vuelos de deportación es visto por El País como una señal de que Maduro está dispuesto a hacer concesiones para evitar una intervención militar o el endurecimiento de las sanciones.
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