El regreso del boho chic revoluciona el verano

La estética de los años setenta regresó a las pasarelas internacionales y locales mediante prendas holgadas, textiles naturales y accesorios artesanales. El fenómeno combina comodidad con elegancia y se consolidó como la tendencia principal del periodo de verano.

El interés por este estilo se manifestó inicialmente en los eventos de alta costura europeos. Foto: CEDOC.

El estilo boho chic se consolidó como tendencia principal en la temporada estival con prendas fluidas y artesanales que celebridades adoptaron en balnearios argentinos. Esta estética relajada combinó libertad bohemia con toques sofisticados en lugares como Punta del Este y Pinamar durante enero. (segunda opción)

El resurgimiento de una estética histórica

La moda de la temporada 2026 recuperó la influencia del movimiento bohemio que tuvo sus picos de popularidad en la década de 1970 y a comienzos del año 2000. Esta tendencia, denominada “boho chic“, se caracterizó por la utilización de géneros livianos y una paleta de colores inspirada en elementos de la naturaleza.

Los diseñadores locales e internacionales incorporaron en sus colecciones vestidos largos, transparencias y encajes que buscaron ofrecer una alternativa al minimalismo.

El interés por este estilo se manifestó inicialmente en los eventos de alta costura europeos y se trasladó rápidamente al mercado regional. Las figuras públicas y referentes de la moda adoptaron este vestuario en centros turísticos, lo que aceleró su masificación. A diferencia de otras épocas, la versión actual del estilo priorizó la fluidez de las telas y la versatilidad de las piezas.

Elementos distintivos y composición del diseño

El eje central de esta propuesta residió en la mezcla de texturas y el uso de materiales orgánicos. Las prendas clave incluyeron túnicas, pantalones de pierna ancha y chalecos con detalles de bordados.

Según los registros de las tendencias actuales, los accesorios ocuparon un lugar preponderante: se observó una recurrencia en el uso de cinturones de cuero, sombreros de ala ancha y joyería con piedras semipreciosas.

En cuanto a los textiles, el lino, el algodón y la seda fueron los materiales más utilizados. Las estampas florales, los motivos geométricos y los tonos tierra como el terracota, el beige y el verde musgo definieron la identidad visual de la temporada. Los calzados que acompañaron esta línea fueron las sandalias de plataforma y las botas de gamuza.

Impacto en la industria y el consumo

La adopción de este estilo impulsó un crecimiento en la demanda de productos artesanales. El mercado registró un incremento en la valoración de prendas con terminaciones manuales, como el crochet y los apliques de flecos. Esta situación permitió que pequeños talleres y artesanos locales integraran sus producciones a la moda urbana.

Además, la vigencia de esta tendencia planteó interrogantes sobre los ciclos estéticos en la era digital. Si bien el boho chic se presentó como una opción duradera por su enfoque en lo natural, el ritmo de consumo actual obligó a las marcas a renovar sus inventarios. La integración de lo antiguo con lo moderno permitió que diversos sectores etarios se sintieran identificados con la propuesta.

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