La ciudad de Milán, sumergida en el ritmo frenético de la Semana de la Moda, se vio sacudida este viernes por un accidente ferroviario sin precedentes recientes. Cerca de las 16:00, una formación de la línea 9 descarriló en el cruce de viale Vittorio Veneto y via Lazzaretto, se salió de su carril y terminó incrustada contra la estructura de un edificio. El impacto, definido por testigos como “devastador”, dejó un saldo de dos víctimas fatales: un peatón que se encontraba en la zona y un pasajero que viajaba en la unidad.
El vehículo involucrado es un Tramlink, un modelo de última tecnología que había comenzado a operar hace apenas unas semanas. Según los primeros informes de la fiscalía milanesa, el tranvía circulaba a una “velocidad elevadísima”. Al llegar al cruce, en lugar de continuar su recorrido recto, la formación giró bruscamente sobre un desvío, lo que provocó que perdiera el contacto con los rieles y derribara semáforos y mobiliario urbano antes de estrellarse contra la vidriera de un restaurante.
Las autoridades italianas, encabezadas por el procurador Marcello Viola, han abierto una investigación bajo la carátula de homicidio culposo. Entre las principales hipótesis se analiza si el conductor sufrió un problema de salud repentino que le impidió controlar la velocidad o si existió una falla en el sistema de agujas (el cambio de vías) que se activó de forma imprevista. “Parecía un terremoto”, relataron pasajeros que lograron salir por sus propios medios entre los hierros retorcidos y cristales rotos.
El alcalde de Milán, Beppe Sala, y el ministro de Transporte, Matteo Salvini, expresaron su consternación ante la tragedia, mientras los equipos de rescate trabajaban en el traslado de los heridos, dos de ellos en estado crítico, al Hospital Niguarda. El siniestro ocurre en un momento de alta exposición internacional para la ciudad, que venía de cerrar las Olimpíadas Invernales y se encontraba bajo un importante operativo de seguridad por los eventos de moda.