El gendarme argentino Nahuel Agustín Gallo compartió su primera cena familiar tras permanecer 448 días privado de su libertad en Venezuela. El encuentro, realizado en el Edificio Centinela, marcó el inicio de un estricto protocolo de restablecimiento psicofísico supervisado por la Gendarmería Nacional.
Durante la velada, el efectivo solicitó carne asada, un pedido que su esposa, María Alexandra Gómez, describió como un símbolo de la identidad que le fue esquiva durante su cautiverio.
Gallo arribó al país la madrugada del lunes en una aeronave Learjet 60 vinculada a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). La liberación se produjo en un marco de negociaciones que evitaron los canales diplomáticos tradicionales entre el gobierno de Javier Milei y la administración de Nicolás Maduro.
El traslado fue escoltado por directivos de la entidad deportiva, quienes facilitaron la logística ante la negativa venezolana de recibir otros vuelos oficiales argentinos.
Evaluación médica y secuelas
El proceso de recuperación del integrante de la fuerza incluye exámenes de nutrición, oftalmología y tomografías realizadas en el Hospital Militar.
Aunque fuentes del Ministerio de Seguridad indicaron que no se observan lesiones físicas evidentes de maltrato, el entorno familiar destacó una notable pérdida de peso y la falta de acceso a atención médica básica durante 14 meses.
Durante su encierro, el gendarme no pudo utilizar sus anteojos, lo que motivó revisiones oftalmológicas urgentes esta semana.
Especialistas de la Gendarmería Nacional monitorean su evolución para determinar su ubicación en tiempo y espacio tras el prolongado aislamiento. El efectivo, que anteriormente cumplía funciones en Mendoza, analiza actualmente un posible traslado definitivo a Buenos Aires para facilitar su reintegración familiar y profesional.