La historia de Micaela Jara es un crudo testimonio sobre las consecuencias del acoso escolar sistemático. Durante cuatro años, la joven santafesina fue blanco de burlas, agresiones físicas y difusión de fotos sin su consentimiento por parte de dos compañeros. El agotamiento emocional la llevó, el 7 de julio de 2025, a intentar terminar con su vida en una casa quinta de las afueras de Ceres.
Momentos críticos del caso:
El rescate: Su hermano mayor, Joel, la encontró inconsciente y le realizó maniobras de RCP tras hallarla colgada de unas riendas.
El milagro: Micaela estuvo cinco días en coma con pronóstico reservado, pero logró despertar y recibió el alta a fines de julio.
Inacción institucional: A pesar de haber realizado tres denuncias policiales, la joven asegura que el colegio “Malvinas Argentinas” normalizó la situación y no protegió su integridad.
Un acoso que no se detuvo
Micaela relata que el hostigamiento de sus agresores, a quienes identifica como Agustín y Benjamín, comenzó en 2021. “Se metieron con mi cuerpo, con mi familia y se burlaron de muertes de seres queridos”, explica. El maltrato incluía desde la creación de stickers ofensivos hasta agresiones físicas en boliches y bares.
Incluso después del intento de suicidio, las burlas continuaron, lo que obligó a la familia a tramitar una perimetral y, finalmente, a mudarse de ciudad para que Micaela pudiera iniciar su tratamiento psicológico y retomar sus estudios de danza en un ambiente seguro.
“Griten y hagan ruido”
Hoy, Micaela busca reconstruir su vida lejos de Ceres. Estudia para ser profesora de danzas y asegura que el apoyo de su familia fue fundamental para su recuperación. Al cumplirse nueve meses del hecho, decidió hablar para concientizar sobre la gravedad del bullying.
“A esas dos personas no tengo nada que decirles, más que intentaron destruir mi vida y no lo lograron”, sentencia. Su mensaje para otros jóvenes en situaciones similares es directo: “Por favor hablen fuerte, griten, hagan mucho ruido”.