Guerra en el golfo: La UE descarta el despliegue militar sin tregua previa

El general de mayor rango en la Unión Europea advierte que no intervendrán en el estrecho.

Sede de la comisión Europea, Bruselas. Foto NA

El panorama geopolítico en el Estrecho de Ormuz se ha convertido en un laberinto de difícil salida para la Unión Europea. Mientras el conflicto en Oriente Medio se enquista, la arteria principal del comercio petrolero mundial permanece bajo una sombra de bloqueo y amenazas constantes. En este contexto, el general Sean Clancy, presidente del Comité Militar de la UE y máxima autoridad castrense del bloque, ha puesto un freno rotundo a las especulaciones sobre una intervención inmediata: para Europa, no habrá despliegue en Ormuz sin un previo “cese de hostilidades”.

En una entrevista concedida a The Economist, Clancy fue tajante al señalar que la reducción del riesgo es una condición sine qua non para enviar uniformados europeos a la zona. A diferencia de otras potencias, la UE parece no estar dispuesta a sumergirse en un conflicto de alta intensidad sin garantías diplomáticas mínimas. Esta postura marca una distancia prudente respecto a la estrategia de Donald Trump, quien ha reforzado la presencia militar de Estados Unidos para proteger sus propios intereses, mientras exige a los socios europeos que se hagan cargo de su propia seguridad marítima.

El giro de Macron y la cautela de Londres

La retórica diplomática ha oscilado entre la ambición y el pragmatismo. Semanas atrás, el presidente francés Emmanuel Macron intentó liderar la iniciativa de una misión europea coordinada, pero la realidad del terreno lo obligó a retroceder. Hace apenas cinco días, el mandatario calificó las exigencias de Washington como “poco realistas”, reconociendo la complejidad técnica y política de una operación de tal magnitud.

Por su parte, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha optado por una vía alternativa, centrada en la búsqueda de “medidas diplomáticas y políticas” para reabrir el estrecho. La cautela es la norma: nadie quiere cruzar la delgada línea que separa una misión de escolta de un enfrentamiento bélico directo con Irán en un área donde cualquier chispa puede incendiar la economía global.

El espejo de la Operación Aspides

El antecedente inmediato de la UE es la Operación Aspides, desplegada en el Mar Rojo. Bajo el mando de Clancy, esta misión ha demostrado capacidad operativa al escoltar a 600 buques y neutralizar amenazas de drones y misiles hutíes. Sin embargo, Ormuz representa un desafío de una escala superior. Mientras que en el Mar Rojo la misión tiene un carácter eminentemente defensivo y persuasivo, el estrecho de Ormuz es hoy un polvorín donde la “persuasión” podría interpretarse rápidamente como un acto de guerra.

Incluso dentro del bloque, las voces críticas no faltan. Voceros alemanes han llegado a tildar de “ineficaz” la estrategia actual, lo que refuerza la idea de Clancy de que, hasta que no haya una tregua de algún tipo, cualquier movimiento militar europeo en la región es, simplemente, inviable.

La factura energética: una herida abierta

El motivo de la urgencia —y a la vez de la parálisis— es económico. Por Ormuz transita el 20% del petróleo mundial. El bloqueo actual ha desplomado las exportaciones energéticas de la región en niveles que oscilan entre el 60% y el 90%, disparando la inflación y enfriando las proyecciones de crecimiento en el Viejo Continente. Europa necesita el crudo, pero la cúpula militar tiene claro que el costo de un despliegue fallido o una escalada descontrolada podría ser mucho más caro que el precio actual del barril.

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