En los pasillos del círculo rojo y en los despachos donde se analiza la Argentina post-Milei, un nombre ha comenzado a sonar con una insistencia que desborda lo meramente empresarial: Jorge Brito. El presidente del Banco Macro y ex titular de River Plate se ha convertido, para diversos sectores del establishment y del peronismo federal, en la encarnación de una “opción de centro” que combine pragmatismo capitalista con capacidad de gestión probada.
Aunque desde el entorno más cercano al banquero insisten en que no hay un interés real por abandonar la actividad privada —donde lidera uno de los grupos financieros y agroindustriales más grandes del país—, el escenario político de 2027 parece estar succionando figuras que hasta hace poco se mantenían al margen. La premisa que circula entre los consultores es que, tras el experimento libertario, la sociedad podría virar hacia perfiles que garanticen “sensatez y previsibilidad”.
La reconfiguración del centro político
Lo curioso de este movimiento es cómo se está redefiniendo el concepto de “centro” en la Argentina. En un tablero fragmentado, los modelos clásicos de moderación están siendo desplazados por una nueva dicotomía. Por un lado, una porción del electorado parece buscar refugio en la claridad ideológica de propuestas tradicionales, como la izquierda que representa Myriam Bregman, que mantiene un piso de coherencia frente a los vaivenes del sistema.
Por otro lado, emerge una fuerte demanda de outsiders con trayectoria en el sector privado. Aquí es donde el nombre de Brito coincide con otros perfiles de alta exposición mediática y empresarial, como el de Mario Pergolini. Este desplazamiento sugiere que el votante de centro ya no busca necesariamente a los políticos de carrera, sino a “hacedores” que puedan traducir éxitos de gestión privada —como la remodelación del Monumental o el crecimiento de grupos energéticos— a la administración pública.
Entre el establishment y la “lluvia ácida”
El diagnóstico económico actual alimenta estas especulaciones. Mientras sectores como la minería y la energía muestran cifras positivas, la industria y el comercio enfrentan un panorama social crítico. En este contexto, figuras como Héctor Magnetto o Paolo Rocca observan con cautela. Mientras algunos sectores ven en Patricia Bullrich una continuidad posible, otros consideran que el ciclo libertario ha dejado un vacío que solo alguien con “experiencia de gestión real” puede llenar.
Brito, sin embargo, conoce los riesgos. Lanzarse a la arena política implica exponerse a la “lluvia ácida” de la comunicación digital oficialista y a posibles impactos en sus empresas, sujetas a regulaciones estatales. A pesar de esto, sus vínculos con dirigentes como Sergio Massa, Gustavo Sáenz y figuras del deporte como Rodolfo D’Onofrio o Gastón Gaudio, lo sitúan en el centro de una red de influencia que trasciende lo financiero.
El factor peronista y la oferta electoral
Incluso dentro del PJ hay movimientos. La posibilidad de que Cristina Kirchner avale candidaturas de centro, como la de Sergio Uñac, muestra una intención de capturar ese voto moderado que hoy se siente huérfano. Sin embargo, la figura de un empresario exitoso como Brito ofrecería una alternativa de “capitalismo serio” que el peronismo tradicional hoy tiene dificultades para representar por cuenta propia.
La incógnita hacia 2027 es si estos nombres lograrán consolidar un anclaje partidario. De River a la Casa Rosada hay un salto de escala monumental, pero en una Argentina que ha naturalizado a los outsiders como protagonistas, el nombre de Jorge Brito ha dejado de ser una charla de café para convertirse en un factor de peso en el diseño de lo que viene.