Con 35 candidatos presidenciales y un sistema institucional que devora mandatarios, Perú llega a las urnas de 2026 sumergido en una paradoja: la obligación legal de votar contra la voluntad de no creer en nadie.
Con 35 candidatos presidenciales y un sistema institucional que devora mandatarios, Perú llega a las urnas de 2026 sumergido en una paradoja: la obligación legal de votar contra la voluntad de no creer en nadie.

En las calles de Lima no hay fiesta, hay trámites. Si la democracia suele describirse como una celebración, en la previa de estas elecciones generales peruanas se parece más a una carga burocrática. Mañana, 12 de abril, millones de ciudadanos acudirán a las urnas no movidos por la esperanza de un cambio, sino por el miedo a la sanción. En Perú, no votar significa entrar en una “muerte civil” administrativa: bloqueos bancarios, imposibilidad de renovar el documento y hasta dificultades para ser atendido en un hospital.
“La gente vota porque tiene que pagar la multa, y es alta”, resume Mercedes Jacige, una vecina que sintetiza el sentimiento de una nación exhausta. Su testimonio es el de muchos: la motivación no es política, es económica.
El escenario que enfrentarán los votantes mañana es, literalmente, un laberinto. La boleta electoral es un muestrario de atomización:
35 candidatos presidenciales compiten por el sillón de Pizarro.
37 partidos políticos buscan representación parlamentaria.
Retorno a la bicameralidad: Tras 30 años, vuelve el Senado, una reforma que la ciudadanía rechazó en un referéndum años atrás pero que la clase política impuso de todos modos.
Esta dispersión genera un desconcierto total, especialmente entre los más jóvenes. La falta de referencias claras y la mutabilidad de las encuestas han convertido la intención de voto en una masa amorfa que solo se definirá frente a la urna. Como señala Escolástico Dávalos: “En todas las listas hay candidatos con cuestionamientos. No es algo de un solo espacio, pasa en todos”.
Para entender la apatía peruana hay que mirar el retrovisor. En la última década, el país ha tenido nueve presidentes. La mayoría no llegó a los dos años de gestión. La figura de la “incapacidad moral permanente” —un resquicio constitucional originalmente pensado para la salud mental del líder— se ha transformado en una guillotina política que el Congreso acciona con frecuencia quirúrgica.
Solo desde 2021, el Parlamento removió a tres jefes de Estado: Pedro Castillo, Dina Boluarte y José Jerí. El actual mandatario, José María Balcázar, es apenas un gestor de transición que entregará el mando el 28 de julio, si es que la inestabilidad no lo alcanza antes.
| Indicador | Impacto Social |
| Inestabilidad | 9 presidentes en los últimos 10 años. |
| Bicameralidad | Regreso del Senado sin consenso popular (rechazado en referéndum). |
| Desinformación | Crítica en el interior del país: muchos ciudadanos desconocen cómo marcar la boleta. |
| Desafío principal | Lograr que el próximo gobierno sostenga la gobernabilidad más de 12 meses. |
Lenin Yarlake, otra voz de la calle, advierte que el problema se profundiza fuera de la capital. En el Perú profundo, la información llega a cuentagotas. “Falta información clara sobre cómo votar y eso genera incertidumbre”, explica. Allí, la decepción no es por los nombres, sino por los resultados: los gobiernos pasan, pero la infraestructura agrícola, la salud y la educación siguen en estado de emergencia.
El pedido de los votantes es tan básico que asusta por su vigencia: estabilidad, trabajo y que no se maltrate al pueblo. Sin embargo, con un Congreso que se proyecta nuevamente dividido y un Ejecutivo que nacerá con una legitimidad frágil debido a la dispersión de votos, las dudas sobre la gobernabilidad futura son la única certeza.
Mañana, Perú votará. Pero el verdadero desafío no es saber quién ganará la primera vuelta, sino si alguien, finalmente, podrá terminar el mandato sin que el sistema lo devore en el intento.
Dos hombres fallecieron tras un violento enfrentamiento en una carnicería del barrio Philips. La Justicia investiga un conflicto económico por trabajos de herrería.
Más de 62 mil clientes en mora refinanciaron sus pasivos por $310.000 millones en el Banco Nación. La entidad habilitó un trámite digital para reestructurar tarjetas con plazos de hasta 96 meses.
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